El silencio vuelve a recorrer Burgos en una procesión que cumple diez años de historia

La Procesión del Silencio celebra su décimo aniversario consolidada como uno de los actos más singulares y austeros de la Semana Santa burgalesa

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El silencio vuelve a recorrer Burgos en una procesión que cumple diez años de historia
El autor esVerónica Fernández Ramos
Verónica Fernández Ramos
Lectura estimada: 2 min.

La ciudad de Burgos se prepara para acoger una nueva edición de la Procesión del Silencio, una de las citas más singulares de su Semana Santa, que este año conmemora una década desde su primera salida. La marcha, organizada por la Ilustre Archicofradía del Santísimo Sacramento y Jesús con la Cruz a Cuestas, tendrá lugar en la noche del Viernes de Dolores, recuperando el espíritu más sobrio y primitivo de las antiguas cofradías.

Uno de los elementos centrales de la procesión es la imagen del Santísimo Cristo de la Salud, una talla de finales del siglo XVI cuya autoría se desconoce. Tal y como explica el capataz Juan José Estalayo Rodríguez, se trata probablemente de la imagen más antigua que desfila actualmente en la ciudad. Procedente del antiguo convento de San Pablo, fue trasladada tras la Desamortización de Mendizábal a la parroquia de San Cosme y San Damián, donde permanece en la actualidad.

La procesión nació en 2015 con la intención de ofrecer una propuesta diferente dentro de la Semana Santa burgalesa, inspirándose en los orígenes de las primeras cofradías, como la histórica Vera Cruz vinculada al convento de San Francisco. De esa referencia también surge la estética de los participantes, que visten hábito de inspiración franciscana en color marrón, con capucha amplia y una cruz blanca en el pecho en alusión a San Francisco de Asís.

La austeridad marca todo el desarrollo del acto, evocando las celebraciones de los siglos XIII y XIV. El paso carece de ornamentación floral tradicional y se decora únicamente con elementos naturales como cardos, romero y musgo. Además, es la única procesión de la ciudad que se desarrolla íntegramente en silencio: los participantes realizan previamente un juramento, convirtiendo el recorrido en un espacio de recogimiento y reflexión. Durante la marcha, también se elevan peticiones por los difuntos y por personas enfermas.

Aunque este año se celebra el décimo aniversario de su creación, la procesión suma ya once ediciones desde su primera salida en 2016. Desde entonces, se ha consolidado como una propuesta abierta y participativa, en la que actualmente intervienen cerca de un centenar de personas pertenecientes a distintas cofradías de la ciudad.

El recorrido comenzará a las 22:30 horas en el interior de la parroquia de San Cosme y San Damián, saliendo a las 23:00 horas para transitar por enclaves como la calle San Cosme, la Plaza Vega, el puente de Santa María y la Plaza del Rey San Fernando, a los pies de la Catedral. Allí se celebrará uno de los momentos más simbólicos: la quema de las peticiones de salud antes de regresar al punto de partida.

Un rasgo curioso de esta cofradía es el apelativo de "chamarileros" con el que se conoce a sus miembros, un término vinculado al barrio de San Cosme. Según la tradición, fue Santa Teresa de Jesús quien utilizó originalmente esta palabra para referirse a unos comerciantes de la zona. Con el tiempo, aquel término ha sido asumido con orgullo por los vecinos y cofrades, convirtiéndose en una seña de identidad.

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