Si en Burgos existe una devoción capaz de rivalizar con las más importantes de España, a parte de Santa María La Mayor, esa es, sin duda, la del Cristo de Burgos
Cabello real, dientes de verdad y mitos: El Cristo de Burgos
Si en Burgos existe una devoción capaz de rivalizar con las más importantes de España, a parte de Santa María La Mayor, esa es, sin duda, la del Cristo de Burgos
Pero que el nombre no os engañe: la famosa talla lleva el nombre de la ciudad y descansa en una capilla propia dentro de la Catedral, pero no es el único lugar de España donde se le rinde culto. Encontramos capillas y lugares dedicados a él en ciudades como Sevilla, Granada, Jaén, Murcia, Cabra del Santo Cristo (Jaén), Úbeda (Jaén), Chucena (Huelva), Guadix (Granada), Baza (Granada) o Serón (Almería), e incluso fuera de España, en países como Filipinas, México o Bolivia. Su devoción llegó a alcanzar tal importancia que, durante el siglo XVIII, se convirtió en una de las más extendidas de España, solo por detrás de la del apóstol Santiago.
Aunque la talla original ya no sale a la calle, sí lo hace su réplica en varias ocasiones especiales. Una de las más impactantes para el público siempre es el acto del Desenclavo del Viernes Santo, seguido por la procesión de la imagen que tiene lugar la noche del Martes Santo. Fuera de la Semana Santa, el Cristo de Burgos procesiona por las calles de la ciudad cada 14 de septiembre.
Esta fecha tuvo una especial importancia durante muchos años en Burgos, ya que las fiestas mayores se celebraban en torno a ella antes del traslado al 29 de junio, hace ya más de 150 años. La celebración del Cristo de Burgos coincide con el día de la Exaltación de la Cruz o de la Vera Cruz, que fue la jornada más grande del calendario festivo burgalés hasta 1873. Hoy continúa siendo una fecha importante, aunque mucho menos multitudinaria y con una programación más reducida.
Pero ¿de dónde viene? ¿De qué está hecha? ¿Por qué es el Señor de Burgos? ¿Qué mitos y leyendas se relacionan con él?
Técnicamente, nos encontramos ante una imagen hiperrealista de estilo gótico, de la segunda mitad del siglo XIV. Está fabricada en madera de pino y recubierta de piel de vaca, con cabello natural y uñas reales fabricadas de asta. Los dientes del Cristo de Burgos también son reales, aunque postizos, y sus ojos están pintados al óleo. Pero, sin duda, uno de sus rasgos más llamativos es que se trata de una imagen articulada.
Las articulaciones no se encuentran únicamente en los hombros, sino también en brazos, manos y cuello, unidos mediante abrazaderas de hierro disimuladas con la piel y lana picada. Una de las características más llamativas del original se descubrió durante una de sus restauraciones: en el interior de la herida sangrante de su costado existe un pequeño hueco con un mecanismo que permite hacer que la imagen ‘sangrar’ de verdad.
Porta un paño de terciopelo a la cintura y, como muchas imágenes de gran devoción, tiene varios 'outfits' que van cambiando según el tiempo litúrgico o con motivo de celebraciones especiales. Entre ellos se encuentra el obsequiado por la Guardia Civil.
También llama la atención de visitantes, curiosos y de algún que otro burgalés la presencia de huevos de avestruz a los pies de la cruz. Actualmente cuenta con tres, aunque existe constancia de que llegaron a ser hasta cinco. Su origen tampoco está del todo claro, aunque se baraja la posibilidad de que fueran traídos desde África por algún mercader devoto. Lo que sí sabemos es que ya estaban ahí, como muy tarde, en el siglo XVII, cuando aparecen en los cuadros del pintor Mateo Cerezo.
Cómo llegó esta impresionante figura hasta nuestra ciudad no está del todo claro. Hay quienes lo relacionan con el barón de Blatna, un viajante europeo de mediados del siglo XV que relató que la imagen había sido encontrada por unos marineros burgaleses cuando su barco se encontraba a la deriva.
Otras versiones hablan de un comerciante burgalés que tenía negocios en Flandes, donde encontró la imagen dentro de una urna de cristal. Este la trajo a su Burgos natal para entregarla a la orden de San Agustín, que por aquel entonces contaba con un convento en la Calle Madrid, cuyos restos son hoy propiedad de la Diputación. Allí se custodió hasta el año 1808, cuando la entrada de las tropas napoleónicas en la ciudad hizo temer a los agustinos por su seguridad y provocó su traslado a la iglesia de San Nicolás. Allí permaneció hasta la derrota francesa en 1815.
Después volvió a su primera morada, el convento agustino, hasta 1836, cuando los monjes fueron sacados del cenobio. La imagen fue trasladada hasta la entonces capilla de Nuestra Señora de los Remedios del templo catedralicio, donde permanece actualmente.
A nuestro querido Cristo de Burgos se le atribuyen también varios milagros y sucesos milagrosos. El primero habría tenido lugar nada más llegar al convento agustino, cuando, según contaron los monjes, las campanas empezaron a sonar al entrar la imagen. Ya dentro de los muros agustinos, también se decía que libró a la ciudad de tempestades que duraron varios días.
En épocas pasadas, recibió nuestro Cristo visitas no sólo de fieles y vecinos y vecinas, sino también de miembros de la realeza. Es el caso de la visita de Isabel I de Castilla, la Católica, que, según cuenta la tradición, cayó desmayada ante la imagen de la impresión. La reina, por su deseo de llevarse un clavo como reliquia para su devoción y custodia, pidió uno de los clavos que lo crucificaban. Al sacarlo uno de los monjes de las manos del Cristo, el brazo cayó al costado de la imagen, quedando balanceándose, ya que la imagen es articulada.
Otra de las leyendas que muchos niños burgaleses escuchamos, es que tanto las uñas como el pelo le crecían al Cristo. Algunas versiones llegan a afirmar que la imagen sudaba y sangraba. Resulta curioso que, incluso en algo tan aparentemente sencillo como la frecuencia con la que necesitaba 'pasar por peluquería', los textos no se pongan de acuerdo: unos hablan de cada 15 días y otros, de cada 8 días.
Dos de las devociones al Cristo de Burgos más importantes fuera de nuestra ciudad son las de Sevilla y Cabra del Santo Cristo. En la capital hispalense encontramos la Hermandad del Santo Cristo de Burgos, fundada en 1522 por un grupo de mercaderes burgaleses para dar culto a la Inmaculada y al Cristo de Burgos en el Convento de San Francisco de Sevilla. Tras diferentes avatares de la historia, la Hermandad reside hoy en la Parroquia de San Pedro.
Por su parte, Cabra del Santo Cristo adoptó al Cristo de Burgos como patrón después de que se produjeran varios milagros atribuidos a un lienzo con su imagen, propiedad del burgalés don Jerónimo de Sanvítores, en esta localidad durante el siglo XVII.
Dentro de nuestra ciudad, el culto al Cristo de Burgos, además de particular, está organizado por la Real Hermandad del Cristo de Burgos, fundada en 1916, a instancias del Marqués de Murga, prefecto de la Hermandad de Caballeros para el culto del Santísimo Cristo de Burgos, y por la Cofradía de las Siete Palabras y del Santísimo Cristo de Burgos, fundada en 1986.
Este lunes 14 de septiembre, el Cristo de Burgos volverá a recorrer las calles tras la celebración de la Eucaristía, a las 19:30 horas, en el Altar Mayor de la Catedral de Burgos.
Detrás del Telón
La provincia suma 90 profesores más que el año pasado, eleva un 5,18% los estudiantes previstos de FP y amplía hasta 4.422 las plazas de Infantil de 0 a 3 años
El Tribunal rechaza anular el juicio por la muerte del joven durante una despedida de soltero en Burgos y mantiene la condena por homicidio imprudente
La falta de profesionales especializados y la necesidad de avanzar en la transformación tecnológica aparecen entre las principales preocupaciones del sector







