La construcción de esta importante fortaleza comenzó en el siglo XII aunque no fue terminada hasta el siglo XIV gracias a los Téllez Meneses
Castillos que hablan (XV): Tiedra, la imponente atalaya que separaba dos reinos
La construcción de esta importante fortaleza comenzó en el siglo XII aunque no fue terminada hasta el siglo XIV gracias a los Téllez Meneses
Soy el castillo de Tiedra.
Cuenta el Cantar de mio Cid que existió desde el siglo XI una fortaleza en este enclave estratégico, aunque mis verdaderos orígenes se remontan a finales del siglo XII. Construido por los reyes de León, mis señores siempre pertenecieron a la nobleza o incluso a la realeza.
Me acomodo al irregular perfil del cerro donde me alzo, dominando el valle del Duero, en la antigua frontera entre León y Castilla. A lo lejos, otro castillo: el de Villalonso. Un poco más allá, Toro, y en días luminosos se perfila en el horizonte la silueta majestuosa de los montes de León.

Mi actual torre, cuadrangular y de cuidada sillería, fue levantada con una clara función defensiva, dentro de la muralla que circundaba la villa surgida durante la repoblación. Más tarde, la familia de los Téllez Menseses -a los que pertenecí durante buena parte del siglo XIV- sustituyó la empalizada original por la cerca de piedra alrededor de mi patio. Se conformaba así el que castillo que hoy soy.
Desparecido el linaje de los Téllez Menseses, Enrique II me cedió a su hermano don Sancho de Castilla, conde de Alburquerque; aunque en 1430 Juan II confiscó la villa y mi pertenencia al entonces infante de Aragón, muy beligerante con el rey. En mis mazmorras fue encarcelado el obispo de Palencia, acusado de apoyar a Enrique de Aragón en sus intrigas contra el monarca.

LA TORRE DEL HOMENAJE CONVERTIDA EN PALOMAR
El propio Juan II me cedió a Pedro Girón, maestre de la Orden de Calatrava. Pasaba a formar parte de la Casa de Osuna, a la que ya pertenecí hasta el siglo XIX. Y quiso el caprichoso destino que mis entrañas, tras amparar a todo tipo de reyes, infantes y nobles, acabasen alojando huéspedes no menos molestos y alborotadores que los anteriores: caprichos del destino me convertí en un palomar.
Desde mi torre del homenaje se divisa el castillo de Villalonso, Toro y los Montes de León
Los descendientes de la familia Alonso Carmona, a principios del siglo XXI, cedieron mi propiedad al Ayuntamiento, quien empieza mi reconstrucción y mis nuevos usos: el cultural y turístico. Mi patio de armas acoge cada año conciertos, a veces también recreaciones históricas y he sido testigo de alguna que otra boda civil. Pero lo que más me agrada comprobar es que cada vez son más los visitantes que llegan a mí, deseosos de vivir una experiencia fascinante.

Merezco una visita pausada, disfrutando de todos mis encantos. Desde un agradable paseo por mi adarve hasta las espectaculares vistas que se contemplan desde mi azotea, donde se han repuesto algunas buhardas de madera, que funcionaban como parapetos para los soldados. Déjate atrapar por mis otras dependencias. Una maqueta te hará comprender cómo fueron mis orígenes y en la sala del alcaide te sentirás como un auténtico rey.
Si hasta aquí has llegado, querido espectador, te invito a que vengas a verme. También a la villa a la que siempre di protección. No te defraudaremos. En cualquier época del año serás bienvenido, pero es al inicio del verano cuando la fragancia a lavanda embriaga los sentidos.

Soy el castillo de Tiedra.
Esta histórica fortaleza sorprende por sus vistas desde su torre del homenaje pero especialmente por el descenso subterráneo a tres cámaras secretas
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