De Las Navas de Tolosa a La Quinta: la historia del Curpillos

La festividad más burgalesa del mundo

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De Las Navas de Tolosa a La Quinta: la historia del Curpillos
| Foto: Ical
Detrás del Telón
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El Corpus Christi tuvo y sigue teniendo una gran relevancia en Burgos, ya que sin él no existirían nuestros queridos danzantes, que fueron creados para bailar en esta celebración.

No obstante, el viernes siguiente al Corpus ha sido tradicionalmente una fecha muy señalada para los burgaleses. Aunque para muchos jóvenes hoy en día sea simplemente una oportunidad para juntarse a beber alcohol, los orígenes de esta festividad nos hablan de una conmemoración de enorme importancia histórica y social.

Para conocerlos debemos remontarnos hasta 1212, año de la famosa batalla de Las Navas de Tolosa y la celebración de esta victoria. Los documentos históricos ya sitúan esta festividad en el entorno del Monasterio de Santa María la Real de las Huelgas en el siglo XIV, coincidiendo con las celebraciones del Corpus Christi. En el siglo XV, las crónicas recogen la existencia de una magna procesión en el entorno de la Catedral con motivo del Corpus y otra más 'chica', celebrada ocho días después en las Huelgas. Esta última es la que conocemos como 'Corpus chico' o Curpillos, que se mantenía para conmemorar aquella victoria.

Esta festividad no puede entenderse sin el Monasterio de las Huelgas. La razón es sencilla: fue el lugar en el que Alfonso VIII depositó el célebre pendón de Las Navas de Tolosa tras la victoria la batalla. La elección de este enclave burgalés tampoco fue casual. Este cenobio de monjas cistercienses fue fundado por el monarca castellano y su esposa, doña Leonor de Plantagenet, en 1187 con el propósito de convertirlo en panteón real de la dinastía. De hecho, varios de sus hijos continúan allí enterrados.

Durante gran parte de su historia, este Real Monasterio, hoy propiedad de Patrimonio Nacional, fue un destacado centro de poder religioso, político y militar. Además de acoger a religiosas pertenecientes a algunas de las familias nobles castellanas más importantes, dependía directamente del Papa de Roma y no de la autoridad episcopal.

La relevancia de Las Huelgas se ve reflejada en su extenso señorío material y jurídico. El Monasterio ejercía jurisdicción sobre más de medio centenar de villas, tierras y molinos, además de disfrutar de importantes privilegios fiscales en la época. Dentro de sus dominios existía fuero propio, por lo que su Abadesa ejercía competencias sobre las leyes civiles y criminales, nombraba alcaldes y designaba a las Abadesas de numerosos monasterios situados bajo su jurisdicción. Entre sus muros también han sido también proclamados reyes y armados caballeros algunos personajes importantes de la historia castellana, como Fernando III el Santo o Enrique II de Trastámara.

Este extraordinario poder e influencia se mantuvieron durante siglos, hasta que en el siglo XIX el Papa Pío IX decidió finalmente poner fin a gran parte de estos privilegios. Aunque la capacidad de influencia del Monasterio quedó reducida drásticamente, su importancia histórica y su arraigo entre los burgaleses permanecieron intactos.

Desde el nacimiento de la festividad del Curpillos, la influyente y poderosa Abadesa del Monasterio ha invitado y reunido entorno a esta celebración a las principales autoridades civiles, militares y religiosas de la ciudad; además de danzantes, tetines, gigantones y gigantillos, que nacieron para esta celebración. Sus elementos fundamentales y su protocolo apenas han variado con el paso de los siglos: la eucaristía en el interior del monasterio, la solemne procesión con la Custodia y la presencia de las autoridades militares portando el conocido pendón de Las Navas de Tolosa, que en realidad es parte de la tienda del califa Miramamolín, culminan con una parada militar con desfile de tropas.

Tradicionalmente, tras los actos religiosos tenía lugar una jira castellana o merienda popular en el parque de El Parral, propiedad del Monasterio de las Huelgas. Con el paso del tiempo, esta jira ha evolucionado hasta la celebración popular que muchos burgaleses conocemos gracias a la labor de las peñas de la ciudad. Sin embargo, desde hace un par de años esta segunda parte de la festividad se ha trasladado al parque de La Quinta, tras las reformas realizadas en El Parral por Patrimonio Nacional.

Desde 1953, el Curpillos está considerado como festivo local, aunque los burgaleses y burgalesas debían acudir a sus puestos de trabajo hasta las doce del mediodía. Esta situación cambió en 1979, cuando la jornada pasó a ser festiva el día completo. Además, para más inri, en 2004 fue declarada como Fiesta de Interés Turístico Regional.

1 comentario

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usuario anonimo 6/10/2026 - 9:36:25 AM
Mal por la alcaldesa, los feriantes no quieren venir a Burgos, los fuegos artificiales están comprometidos, las aceras y calzadas están en muy mal estado en muchos sitios, hubo problemas con las gastronetas, y así podemos seguir
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