"¿Estás bien? Ven conmigo": Peñaranda planta cara al bullying desde las aulas

El profesor y doctor en Ciencias de la Educación Juan Carlos López Rodríguez imparte una charla de prevención del acoso escolar dirigida al alumnado de varios centros educativos de Peñaranda de Bracamonte.

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El autor esTeresa Sánchez
Teresa Sánchez
Lectura estimada: 6 min.
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El acoso escolar no siempre deja moratones, pero puede dejar heridas que tardan mucho tiempo en desaparecer. A veces comienza con una burla, un mote o una risa compartida y otras, con el aislamiento de un compañero o la difusión de un rumor. Con el objetivo de concienciar sobre esta realidad, Peñaranda de Bracamonte ha sido escenario de la charla Todos contra el bullying, organizada por Tribuna Grupo e impartida por Juan Carlos López Rodríguez, doctor en Ciencias de la Educación y maestro, en el Centro de Desarrollo Sociocultural Germán Sánchez Ruipérez. La actividad ha reunido al alumnado del IES Germán Sánchez, el Colegio Público Miguel de Unamuno, el CEIP Severiano Montero y el Centro Educativo La Encarnación, en una iniciativa centrada en la prevención del acoso escolar y en la importancia de implicar a toda la comunidad educativa para detectar y frenar estas situaciones.

Tras la bienvenida por parte del director general de Tribuna Grupo, Félix Ángel Carreras, la alcaldesa Carmen Ávila abría la sesión con un saludo a los colegios, al instituto "por estar aquí porque es una charla que nos ocupa y nos preocupa a todos los presentes", comentaba. "Os conozco a todos y me encanta veros porque es importante escuchar lo que nos van a contar sobre en qué consiste el acoso escolar". 

Llegaba el turno de la charla presentación durante la cual, López Rodríguez ha incidido en una idea fundamental: el bullying no es una simple broma ni un conflicto puntual entre compañeros. Se trata de una conducta intencionada que busca hacer daño, se repite en el tiempo y se produce en una situación de desequilibrio de poder entre quien agrede y quien lo sufre. Con vídeo breve de lo que puede suceder en cualquier comedor escolar cuando un alumno se siente acosado y otro le echa una mano sentándose a su lado y llamaba la atención de los presentes para arrancar. 

Los datos expuestos durante la charla han servido para poner de relieve la dimensión del problema. Uno de cada diez niños sufre o ha sufrido acoso escolar, mientras que solo el 15% de los afectados se lo comunica a sus padres o profesores. Además, ocho de cada diez adolescentes manifiestan haber presenciado situaciones de acoso. Estas cifras reflejan que el bullying no afecta únicamente a la víctima y al agresor sino que también implica a "quienes observan lo que sucede y, en ocasiones, contribuyen a perpetuarlo con sus risas", su apoyo a quien agrede o su silencio.

El ponente ha repasado las distintas formas que puede adoptar el acoso. Primero aclaró que "no" es el buylling. "Tiene que haber tres cosas, que sea intencional. Que haya abuso de poder y repetida".

Las agresiones verbales incluyen insultos, motes, burlas y amenazas; las físicas abarcan golpes, empujones y daños en las pertenencias. También existe el acoso social, que se manifiesta mediante la exclusión, los rumores o la humillación, y el de carácter sexual, que comprende las molestias, los tocamientos sin consentimiento y las burlas relacionadas con el cuerpo.

Reconocer estas conductas es el primer paso para evitar que se normalicen dentro del aula o del grupo de amigos. Eso mostrando, con ejemplos reales, circunstancias de la vida que ya la endurecen, principalmente por enfermedades y un mensaje: "La vida ya golpea, no la hagais más dura". 

El silencio de los testigos

Uno de los ejes centrales de Todos contra el bullying ha sido el papel que desempeñan los compañeros en las situaciones de acoso, "si veis un delito teneis que denunciar", recordaba a los jóvenes que llenaban el patio de butacas.

La presentación ha abordado el llamado triángulo del bullying, formado por el agresor, la víctima y los espectadores, y ha invitado a reflexionar sobre las motivaciones que pueden llevar a un menor a acosar a otro, como la presión del grupo, la inseguridad o el deseo de llamar la atención. Eso y las posibles consecuencias con una frase que silenciaba al auditorio: "Cada día se suicida un niño, hoy se va a suicidar uno". 

Comprender las circunstancias que hay detrás de estas conductas no significa justificarlas. El mensaje trasladado al alumnado ha sido claro: agredir no es una broma y detener el acoso exige asumir responsabilidades, reparar el daño y buscar ayuda cuando sea necesario.

Especial importancia adquieren los testigos, que pueden apoyar al agresor, reír sus comentarios, mantenerse al margen o defender a la persona acosada. Frente a la idea de que intervenir es meterse en problemas ajenos, la charla ha recordado que cada espectador puede contribuir a que la situación cambie. "Ser valiente no debe costar". En ocasiones, ayudar puede ser tan sencillo como acercarse a quien está sufriendo y preguntarle: "¿Estás bien? Ven conmigo". Un gesto aparentemente pequeño puede romper la sensación de soledad de la víctima y demostrarle que no está sola.

Informar a un profesor, hablar con un familiar o recurrir a un adulto de confianza tampoco es ser un chivato, sino una forma de proteger a quien necesita ayuda e impedir que la situación continúe. "Hay que hablar", les recomendaba recordando que en España viven más las mujeres que los hombres porque hablan más. Y no solo es hablar por hablar sino hablar de las cosas importantes. 

El acoso detrás de una pantalla

La sesión ha dedicado también atención al ciberacoso, una forma de hostigamiento que puede prolongarse fuera del horario escolar y alcanzar a un público mucho más amplio. Los mensajes hirientes, las amenazas, las llamadas insistentes, el acoso en grupos de WhatsApp y redes sociales o la publicación de datos e imágenes privadas son algunas de sus manifestaciones, como se ha podido ver en un vídeo proyectado con situaciones que cualquiera de los presentes se puede encontrar porque "en las redes es muy fácil engañar y ser engañado". 

Ante estas circunstancias, se ha recomendado no responder a las provocaciones, bloquear al emisor y conservar pruebas que puedan resultar útiles para denunciar los hechos, como capturas de pantalla, fotografías, fechas y nombres de los grupos implicados.

La presentación también ha desmontado la creencia de que, una vez publicado un contenido en Internet, ya no es posible hacer nada. Existen vías para denunciar la difusión de imágenes y vídeos sensibles y solicitar su retirada. Entre ellas se encuentra el Canal Prioritario de la Agencia Española de Protección de Datos, accesible a través de aepd.es/canalprioritario.

La prevención del ciberacoso pasa, además, por educar en el respeto a la intimidad y en el uso responsable de las redes sociales, recordando que compartir imágenes ajenas sin permiso puede causar un daño real.

Para mostrar las consecuencias del acoso, Todos contra el bullying ha recurrido a metáforas y dinámicas de sensibilización que invitan a reflexionar sobre las marcas que dejan las agresiones, incluso después de pedir perdón. La imagen de los clavos representa las heridas que pueden permanecer tras una conducta dañina, mientras que otras actividades plantean al alumnado cómo se sentiría si su propia intimidad quedara expuesta ante los demás.

La finalidad es que los estudiantes no se limiten a reconocer el problema, sino que desarrollen empatía y aprendan a frenar las conductas dañinas antes de que vayan a más.

Para quienes han participado en una situación de acoso, el mensaje pasa por detener inmediatamente la agresión, dejar de justificarla como una broma, pedir perdón, reparar el daño y solicitar ayuda si no saben cómo salir de esa dinámica. De hecho ese ha sido uno de los principales puntos de interés en el turno de preguntas posterior.

Recursos para pedir ayuda

La charla ha recordado también los recursos disponibles para quienes sufren acoso escolar o conocen algún caso. Entre ellos figura el teléfono 900 018 018, un servicio gratuito y confidencial de atención frente al acoso escolar, dirigido a alumnos, familias y docentes y atendido por profesionales de la psicología y el trabajo social.

La línea funciona las 24 horas del día durante todo el año. Asimismo, se ha destacado la importancia de comunicar las situaciones graves a los responsables del centro educativo y a las autoridades competentes cuando corresponda.

El mensaje final de Todos contra el bullying resume el espíritu de la jornada: un buen colegio no es solo el que enseña, sino también el que protege a todos sus alumnos. Para conseguirlo, escuchar, acompañar y no permanecer en silencio puede marcar la diferencia.

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