Una jugada maestra para la reinserción

El burgalés Daniel Ausín Matilla puso en marcha en 2021 el proyecto ‘Piensa en frío’, que utiliza el ajedrez como una oportunidad de futuro para personas en situación de privación de libertad

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Una jugada maestra para la reinserción
Ricardo Ordóñez - Daniel Ausín, responsable del proyecto 'Piensa en Frio'
N.M.J. / Ical
Lectura estimada: 3 min.

En el ajedrez, antes de realizar cualquier jugada, hay que detenerse, observar el tablero y buscar alternativas. En el rey de los juegos, pocas alegrías llegan por correr. Ese ejercicio de reflexión es precisamente el punto de partida de 'Piensa en frío', el proyecto que el ajedrecista Daniel Ausín desarrolla desde 2021 en el Centro Penitenciario de Burgos en colaboración con la Fundación Círculo y que convierte el ajedrez en una herramienta de reinserción social.

Ausín, que lleva desde los siete años jugando al ajedrez, destaca los múltiples aspectos positivos de este deporte, y cómo se puede utilizar de una forma específica "para lograr ciertos objetivos con ciertos perfiles concretos". Cada martes, Daniel Ausín acude al centro penitenciario de Burgos, donde comparte sus conocimientos sobre ajedrez y su experiencia sobre el tablero (de la vida) con un nutrido grupo de presos, que, tal y como él mismo matiza, "han elegido formar parte del proyecto". 

"Tiene mucho éxito porque asisten porque quieren", añade. El taller consta de un núcleo fijo de unas trece o quince personas que siempre acuden, mientras que hay otro grupo de 15 que "van y vuelven". De hecho, a lo largo de estos años más de 150 internos han participado en el proyecto, que incluye, además de las sesiones semanales, entradas de voluntarios y salidas programadas, "una parte muy interesante del proyecto" añade Ausín. 

Los participantes son personas que ya tenían un interés previo por el ajedrez y las sesiones se centran más en las relaciones personales y en experiencias prácticas que tienen su paralelismo en la vida fuera del tablero, estrategia de vida. 

"Nunca caigo en el sermón, las lecciones se las da el tablero", indica Ausín. Una de las herramientas que utiliza son las biografías, partidas y anécdotas de ajedrecistas históricos que sirven de punto de partida para realizar reflexiones que tengan su reflejo en mecanismos estratégicos que se pueden utilizar en la vida real, como aprender a controlar el impulso de realizar una jugada tentadora, o establecer un plan a largo plazo que les puede llevar a la victoria por un camino más largo pero seguro. 

Daniel Ausín entiende el ajedrez como una disciplina con cuatro dimensiones: deportiva, social, terapéutica y educativa, y en todas ellas se puede profundizar para buscar lo que convenga encontrar. "En la prisión te centras más en temas de control de impulsos, de evaluación de riesgos, de consecuencias y de asunción de responsabilidades", indica. 

En el contexto de centros penitenciarios, la vertiente social y terapéutica tiene un gran peso. Con respecto a la primera, el experto señala que el ajedrez en sí es una "disciplina que no entiende de diferencias de ningún tipo". "Todos somos iguales frente al tablero", añade. 

Él mismo, desde muy pequeño ha compartido partidas con gente adulta, y se encontraban en una situación de igualdad. Ahora, en 'Piensa en Frío' destaca que personas muy diferentes tienen algo constructivo en común. "Ya no hablamos solo de edad, nacionalidad o religión, muchas veces no hace falta ni compartir idioma, cada cual juega, gana y pierde igual que cualquiera", añade. 

"El ajedrez crea un contexto que hace que personas que no querrían tener absolutamente nada que ver la una con la otra, compartan un tiempo y un espacio de respeto y de colaboración, el ajedrez se convierte en un elemento de unión", agrega con respecto a la cárcel. 

En cuanto a la vertiente terapéutica, el director de 'Piensa en frío' destaca que utiliza el ajedrez como herramienta de rehabilitación cognitiva. Ausín también destaca el papel que puede jugar el ajedrez una vez superada la situación de privación de libertad, el proyecto también persigue que los internos encuentren una actividad "estimulante y un contexto personal y social saludable" una vez terminada su condena. 

"La amplísima variedad de personas que practican ajedrez hace que ese espacio de encuentro sirva para romper prejuicios, el proyecto también enseña a los voluntarios y a otros ajedrecistas a eliminar estigmas", explica.

Tras cinco años en los que desarrolla este proyecto, Ausín considera que una de las claves del éxito está en que la autoridad que le reconocen los participantes procede de su conocimiento del juego y de la confianza construida con el tiempo. "Al final se comparte tiempo de calidad y divertido con fines constructivos, conversaciones bien encaminadas, sin eludir jardines, que hacen que cada uno cada vez sepa más, tenga más herramientas y conocimientos para ganar su propia partida".

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