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De dónde nacen San Pedro y San Pablo
La historia de cómo unas pocas personas pusieron los cimientos de nuestras fiestas
En unos días, la ciudad de Burgos se llenará de charangas, blusas de colores, confeti, conciertos, tapas y mucho más. La llegada del final de junio marca en la ciudad del Arlanzón uno de los momentos más esperados del calendario: las fiestas de San Pedro y San Pablo.
Aunque desde el día 20, con la proclamación de la Corte de Honor de este año, el ambiente festivo ya recorre las calles, no será hasta el sábado 27 cuando arranque oficialmente la ‘mejor semana del año’. Pero, como toda gran celebración, San Pedro y San Pablo también tiene un origen. Así que tiremos del hilo para descubrirlo.

Antiguamente, las Ferias y Fiestas de San Pedro y San Pablo eran una feria ganadera. Las verdaderas fiestas mayores de la ciudad se celebraban en septiembre, durante la Exaltación de la Vera Cruz, aunque el Ayuntamiento decidió impulsar las celebraciones de junio por contar con una climatología más amable. Tras el traslado de 1873, la festividad de San Pedro terminó convirtiéndose, junto al Corpus, en una de las fiestas más destacadas del calendario burgalés.

Si profundizamos en los actos más populares, como la Cabalgata o la Ofrenda, su origen es mucho más reciente. Corría el año 1953 cuando apareció en la ciudad un curioso anuncio que animaba a los ciudadanos a participar en un desfile con trajes tradicionales. Detrás de aquella primera ‘cabalgata’ se encontraba la valenciana familia de Tomás Sanmartí que, a petición del Presidente de la Comisión de Fiestas, sacó sus trajes de falleros a la calle. Aquel pequeño cortejo de valencianos, catalanes, andaluces, asturianos y alguna región más, celebrado el día del Pregón, fue creciendo con el tiempo hasta contar con una jornada propia dentro del programa festivo.

La Ofrenda de Flores, una fecha marcada en rojo para muchos burgaleses, aunque no siempre se celebró el 29 de junio, tiene, sin embargo, unas raíces un tanto más ‘royal’. En 1954 fue elegida la primera Reina de las Fiestas, María Mercedes Moliner, quien recibió tal cantidad de ramos de flores por parte de asociaciones y colectivos de la ciudad que decidió ofrecerlos ante el altar de Santa María La Mayor. Aquel gesto espontáneo gustó tanto que se incluyó en el programa oficial del año siguiente, convirtiéndose así en la cuarta ofrenda floral más antigua de España, tras las de Alicante (1941), Valencia (1945) y Castellón (1948).

Así, poco a poco y gracias a la iniciativa de diferentes colectivos, fueron tomando forma las fiestas mayores que hoy conocemos, incorporando con el tiempo nuevas tradiciones, como el lanzamiento de la bota o la imposición del pañuelo al Cid.
Burgos puede sentirse hoy orgullosa de unas fiestas creadas y mantenidas gracias al esfuerzo de vecinos y vecinas que trabajan incansablemente por conservar y hacer evolucionar las tradiciones que, cada junio, vuelven a llenar la ciudad de vida.

Este artículo está dedicado con especial cariño a nuestra amiga Adriana Sanmartí y a sus familiares, descendientes de Tomás Sanmartí, cuya familia formó parte del origen de una de las tradiciones más queridas de nuestras fiestas: la Cabalgata.
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