Del patio del colegio a un negocio global de 1.400 millones de euros, así vive Panini su Mundial más decisivo

La firma italiana afronta su edición más rentable mientras se juega en los tribunales la continuidad de uno de los negocios más emblemáticos del fútbol

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Del patio del colegio a un negocio global de 1.400 millones de euros, así vive Panini su Mundial más decisivo
Juan José Díez Goez
Lectura estimada: 4 min.
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Cada cuatro años, millones de personas en todo el mundo repiten el mismo ritual. Abren sobres, buscan jugadores difíciles, intercambian cromos con amigos y persiguen el objetivo de completar el álbum oficial del Mundial. Lo que para muchos es un recuerdo de infancia o una tradición familiar se ha convertido en realidad en uno de los negocios más rentables del deporte global.

La historia comenzó en México 1970, cuando Panini lanzó su primer álbum mundialista. Más de medio siglo después, la compañía italiana afronta una edición histórica que podría ser también el principio del fin de una era. Mientras prepara el que será su sexagésimo aniversario ligado a la Copa del Mundo, la empresa se enfrenta a la posibilidad de perder los derechos oficiales del torneo a partir de 2034.

La amenaza tiene nombre propio: Fanatics. La empresa estadounidense recibió el pasado mes de mayo la adjudicación de los derechos por parte de la FIFA, aunque la decisión sigue rodeada de incertidumbre debido al litigio judicial que Panini mantiene desde 2023 por presuntas prácticas anticompetitivas.

Un negocio de cifras gigantescas

Más allá de la batalla empresarial, el fenómeno de los cromos continúa creciendo. Según las previsiones de la compañía, la actual edición del Mundial moverá alrededor de 1.400 millones de euros, convirtiéndose en la más grande de toda su historia.

Las magnitudes son difíciles de imaginar. Se calcula que durante este torneo se venderán entre 500 y 800 millones de sobres, junto a unos 35 millones de álbumes. En total, circularán por todo el planeta cerca de 7.000 millones de cromos, una cifra que da una idea de la dimensión de un negocio que trasciende el fútbol.

El auge de este mercado también se explica por el crecimiento del coleccionismo a nivel mundial. Según estimaciones de Morgan Stanley, el mercado global de artículos coleccionables mueve alrededor de 100.000 millones de dólares al año, impulsado por el interés de aficionados e inversores.

Sudamérica lidera la fiebre por los cromos

Uno de los mercados donde el fenómeno se vive con más intensidad es Latinoamérica. La región representa aproximadamente el 10 % del negocio de Panini y está registrando cifras récord durante este Mundial.

Las ventas en Sudamérica ya superan en un 24 % las registradas durante el Mundial de Catar 2022, con Brasil, Argentina, Colombia y Chile como los países más dinámicos.

El caso chileno resulta especialmente llamativo. A pesar de que la selección no participa en el torneo, la pasión por coleccionar cromos sigue creciendo. Según responsables de Panini en el país, la tradición futbolística y el recuerdo de la generación que conquistó las Copas América de 2015 y 2016 han contribuido a mantener vivo el entusiasmo.

Las previsiones apuntan a que solo en Chile podrían venderse más de 30 millones de sobres, duplicando prácticamente los resultados de la edición anterior.

De 271 cromos a casi mil

El crecimiento del fenómeno también se refleja en el propio producto. El primer álbum de México 1970 contaba con apenas 50 páginas y 271 cromos. La edición actual ha multiplicado esas cifras hasta alcanzar las 120 páginas y 980 cromos.

Además, Panini ha incorporado nuevas estrategias para atraer a los coleccionistas más apasionados. Entre ellas destacan las láminas especiales con acabados exclusivos y variantes de color que aparecen aproximadamente una vez cada cien sobres.

Algunas de estas piezas se han convertido en auténticos objetos de deseo dentro del mercado secundario. Entre las más cotizadas figura una edición especial de Lionel Messi con detalles dorados, considerada una de las más exclusivas de toda la colección.

Una economía que también se mueve en la calle

La fiebre por completar el álbum no solo beneficia a las grandes empresas. También genera una intensa actividad económica en mercados informales, kioscos y puntos de intercambio repartidos por numerosas ciudades.

En Santiago de Chile, por ejemplo, más de 8.000 personas participaron recientemente en una gran jornada de intercambio de cromos celebrada en el Estadio Bicentenario de La Florida.

A pocas calles del centro de la ciudad, vendedores especializados reciben cada día a cientos de aficionados que buscan las piezas que les faltan para completar la colección. Algunos han encontrado incluso una oportunidad de negocio temporal gracias al furor mundialista.

Es el caso de jóvenes emprendedores que compran sobres, revenden cromos difíciles de conseguir e incluso fabrican accesorios relacionados con el álbum mediante impresoras 3D. Para muchos, el Mundial supone una oportunidad para obtener ingresos adicionales durante varias semanas.

El final de una época histórica

Mientras millones de aficionados siguen abriendo sobres, en las oficinas de Panini ya se trabaja pensando en un futuro diferente. La compañía es consciente de que la relación entre FIFA y Fanatics se ha estrechado de forma notable durante los últimos años y que la pérdida de la licencia mundialista parece cada vez más probable.

Fanatics ya se ha convertido en socio estratégico de la FIFA para la venta de merchandising y tendrá un papel destacado durante la Copa del Mundo de 2026, reforzando su posición dentro del ecosistema comercial del torneo.

Ante este escenario, Panini ha comenzado a reforzar otras líneas de negocio vinculadas a licencias de entretenimiento como Netflix o Disney. Sin embargo, el próximo Mundial tendrá un valor simbólico especial para la empresa italiana.

Será la última ocasión en la que, salvo sorpresa judicial, pueda celebrar una trayectoria de 60 años consecutivos acompañando a varias generaciones de aficionados a través de los álbumes oficiales del Mundial.

Una historia que comenzó con unos simples cromos en 1970 y que terminó convirtiéndose en uno de los fenómenos de coleccionismo más populares y rentables del planeta.

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