También está relacionada con los encierros tradicionales, tiene su vertiente deportiva y con la indumentaria de jinetes, como el traje charro
La doma vaquera, Bien de Interés Cultural Inmaterial: el vínculo con la ganadería brava en Castilla y León
También está relacionada con los encierros tradicionales, tiene su vertiente deportiva y con la indumentaria de jinetes, como el traje charro
La doma vaquera en Castilla y León ha sido declarada Bien de Interés Cultural de carácter Inmaterial, tras el acuerdo de la Consejería de Cultura, Turismo y Deporte aprobado este jueves en Consejo de Gobierno.
Un reconocimiento basado en la singular forma de montar a caballo, influenciada por la equitación militar y por las necesidades del trabajo de selección de ganado bravo, cuyos orígenes se pueden rastrear en siglos pasados.
En relación con los orígenes de la ganadería de reses bravas en Castilla y León, se puede rastrear una fuerte influencia de la tradición monástica y la configuración de grandes fincas. Así, la zona de Sahagún, en León, destaca por la presencia de monjes benedictinos cistercienses, quienes establecieron grandes fincas o cotos en los siglos XI y XII, como en Valdellán, donde aún pervive la única ganadería de reses bravas de la provincia de León.
La ganadería brava más antigua de España, Raso de Portillo, se encuentra en Boecillo (Valladolid) y fue fundada en 1880. Pero actualmente el gran epicentro de la crianza del toro bravo se sitúa en el campo charro y así lo demuestran las 152 ganaderías que pastan en la provincia de Salamanca.
La vinculación de la doma vaquera con el manejo y selección de ganado bravo en Castilla León también está directamente relacionada con la celebración de los encierros tradicionales, que constituyen una de las expresiones festivas más extendidas en la Comunidad.
También tiene una vertiente deportiva, que se materializa en tres disciplinas regladas: la Doma Vaquera de Competición, que consiste en la ejecución en pista de una serie de ejercicios inspirados en las maniobras propias del trabajo con ganado, como cambios de pie, paradas en seco, medias vueltas o giros; las Faenas y Doma de Campo, que tienen su origen en el antiguo acoso y derribo, técnica empleada históricamente para la selección y doma del ganado bravo, y la Equitación de Trabajo, disciplina que integra pruebas como doma, manejo de ganado, prueba de velocidad y recorrido de obstáculos.
La doma vaquera también tiene su reflejo en bienes materiales utilizados para su desarrollo, como es el caso, por ejemplo, de la indumentaria de los jinetes. Históricamente en las dehesas salmantinas el traje charro constituía la vestimenta tradicional de los jinetes vaqueros, adaptada a las condiciones culturales, climáticas y ganaderas de la zona, pero su presencia fue disminuyendo con el tiempo frente a otras influencias externas. Actualmente, en toda España y de manera generalizada, el traje que se utiliza en los concursos de doma vaquera es el traje corto propio de Andalucía, bien el traje de campo, con pantalón con vuelta blanca, boto de caña alta y chaquetilla, o el traje de paseo, con chaqueta de solapa, chalequillo, pantalón, botín de media caña, polaina de paseo y zahones de piel para las piernas. En la cabeza, sombrero de ala ancha. También debemos citar los arreos y guarniciones de los caballos: la cabezada, los bocados y, sobre todo, la montura, con estribos de gran tamaño que garantizan una mayor estabilidad y protección del jinete.
La comunidad portadora de este bien inmaterial es amplia, ya que integra no solo a los ganaderos y jinetes, sino también a los pastores y veterinarios que cuidan de las reses, a los artesanos de los oficios vinculados a la doma (guarnicioneros, herreros…), así como a todo el tejido asociativo y municipal que organiza los concursos y encierros. La doma en sí se transmite principalmente a través de la experiencia directa: los conocimientos se comparten y se aprenden en la práctica, principalmente en el medio rural, donde el jinete convive con el caballo.
Esta tradición se recrea durante los encierros y concursos, en los que las técnicas y destrezas se muestran como parte de una herencia cultural que se mantiene viva generación tras generación. Pero también se debe mencionar la transmisión que, como actividad deportiva, se realiza a través de los cursos impartidos en escuelas de equitación, pues la doma vaquera forma parte de la formación que ofrece tanto la Real Federación Hípica de España como la Federación Hípica de Castilla y León.
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