Joaquina Téllez, una aristócrata ilustrada del siglo XVIII, y cuyo retrato a punto estuvo de caer en manos de Hitler
La intriga de 'La marquesa de Santa Cruz', la historia detrás del cuadro de Goya que vuelve al Museo del Prado
Joaquina Téllez, una aristócrata ilustrada del siglo XVIII, y cuyo retrato a punto estuvo de caer en manos de Hitler
'La marquesa de Santa Cruz', de Francisco de Goya, tiene detrás una de las historias más singulares del patrimonio español, y que ahora vuelve a ser protagonista al exponerse por primera vez en el Museo del Prado con una de las copias encargadas por el franquismo cuando le quiso regalar el original a Adolf Hitler, una historia de intriga, de exportación ilegal y de recuperación.
La marquesa pintada por Goya y una de las tres copias que Franco encargó a otro pintor para compensar a los dueños y así poder regalarle el original a Hitler, algo que no ocurrió, posan juntas en una muestra del Prado, organizada con motivo del 40 aniversario del regreso del cuadro a España, relata Efe.
Una puesta en escena que han celebrado en rueda de prensa el presidente del Real Patronato del Prado, Javier Solana, ministro de Cultura cuando se recuperó el original en 1986; el director adjunto de Conservación e Investigación del museo, Alfonso Palacio, y el conservador de pintura del siglo XIX, Carlos González Navarro.
Y es que la historia del retrato de Joaquina Téllez, una aristócrata ilustrada del siglo XVIII, tiene mucho de historia "con mayúscula", como ha dicho Palacio, porque se adentró en la política internacional de lleno en 1941, cuando Franco tuvo la intención de ofrecérsela a Hitler porque entre ellos, como ha contado el experto, se intercambiaban regalos.
El interés nazi venía de un año antes, cuando el jefe de las SS, Heinrich Himmler recorrió el Museo del Prado y se fijó en la pintura, un retrato "originalísimo", como subraya el experto, en el que la marquesa posa como una musa de la música y el baile, aunque no fue eso lo que le atrajo, sino un adorno que acompaña a la lira que ella sostiene.
Era algo que aparentaba ser un símbolo que los nazis interpretaron como una cruz gamada, aunque en realidad se trata de un adorno que procede de las tradiciones decorativas de los etruscos y que se pueden ver en los enterramientos y en las tumbas escultóricas de los mismos. Es como un símbolo solar.
El regalo no se materializó, a pesar de haber pagado un millón y medio de pesetas a la familia propietaria y de hacer esas tres copias, pintadas por Francisco Núñez Losada por 9.000 pesetas y de las que al parecer solo se conserva fehacientemente la que se expone.
La documentación que hay en el Museo permite constatar que la obra estuvo en el Prado hasta 1944, fecha en la que se devolvió a los dueños. Ya en 1983, los entonces propietarios, los Fernández Valdés lo vendieron por 25 millones de pesetas, con la condición de que no saliera de España, pero no se cumplió y la obra salió clandestinamente del país.
Fue a Zúrich y desde allí pasó a manos de un empresario británico, Lord Wimborne, que lo ofreció al Museo Getty de Los Ángeles por doce millones de dólares, aunque no lo compraron al conocer que había salido de España de forma ilegal.
De eso tuvo conocimiento el Ministerio de Cultura español y ahí se inició una compleja batalla legal internacional que terminó en 1986.
Desde ese momento, como ha comentado el experto, la marquesa "lleva una vida tranquila" en el Prado. El Ministerio se enteró de que iba a subastarse en Christie’s, recurrió a los tribunales británicos y logró demostrar que los permisos de exportación eran falsos, algo que debilitó la posición de los vendedores y permitió negociar su adquisición por seis millones de dólares.
Regresó el 10 de abril de ese año, y cuarenta después, la marquesa de Goya se muestra resplandeciente gracias a las manos de los restauradores, junto a una de sus copias, que evidencia el paso del tiempo, con un tono más amarillento.
Pero las dos enseñan a una mujer recostada y elegante, reflejo de una época en la que parte de la nobleza quiso identificarse con la cultura y la música. Una mujer serena ajena al revuelo que siglos después provocaría su imagen.
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