16/08/2026
La crisis de VOX; las dudas en Castilla y León
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El partido de VOX, acuñado habitualmente como el partido de Santiago Abascal, se ha convertido en un polvorín que intenta apagar las explosiones incontroladas. El ejemplo de Baleares escenifica una situación que aventura un recorrido inquietante para una formación de reciente creación que camina en la misma dirección de descomposición que siguieron en su día UPyD y Ciudadanos. Su fortaleza se basa en la potencia de un líder recientemente reelegido pero cuya ascendencia empieza a generar importantes recelos en sus filas. Estamos hablando de la tercera formación política en votos de España; un partido que ha propiciado la creación de pactos en diferentes territorios para apear de los gobiernos de izquierda pero que no puede disimular actitudes cainitas que ya comenzaron con la salida de bastiones reconocibles como Macarena Olona o Espinosa de los Monteros.
El partido de Abascal es VOX. Es el partido de las mociones de censura convertidas en ocurrencias con el esperpento de la resurrección política de Ramón Tamames como botón de muestra de su estrategia. Quizá lo que ocurra sea precisamente que no posee una línea de actuación definida, que quiere desmarcarse de afinidades con los medios de comunicación completamente ajeno a los tiempos actuales que exigen habilidad, rapidez, visión e incluso alianzas si verdaderamente quiere confrontar con una izquierda que sí tiene muy claro su planteamiento mediático.
VOX gobierna en Castilla y León con el Partido Popular y ha propiciado otras coaliciones con enorme significado, como la alcaldía de Valladolid. En ambos casos, parece que la situación está controlada porque al margen de las imposiciones que llegan desde Madrid, también tiene mucho que ver el carácter de las personas y tanto el vicepresidente Garcia Gallardo como la teniente de alcalde vallisoletana Irene Carvajal han entendido que su papel debe tener un perfil más moderado porque, entre otras cosas, VOX no puede permitirse más escándalos como en Baleares.
Santiago Abascal ha integrado en su nueva dirección a dos cargos de Castilla y León; el mencionado García Gallardo y el diputado por Valladolid Pablo Sáez. El reelegido presidente de VOX ha reconocido el peso territorial de su primera experiencia en gobiernos autonómicos, pero nada se mueve en el imperio de Abascal sin la mano mecedora de una autoridad con síntomas de debilitamiento. Porque la realidad de su partido lo reflejan las encuestas. El último sondeo de Sigma 2 le desplaza del podio en favor de Sumar y ese paso a la cuarta posición se traduce en un 11,2% de intención de voto. En diciembre estaba tercero con 11,4% pero en las elecciones de julio su porcentaje fue del 12,4. Estos datos, para un grupo político que se maneja en esas cifras significa un notable retroceso.
La incógnita es saber si la legislatura en Castilla y León se mantendrá en este sendero de aparente calma controlada. El PP y su presidente Fernández Mañueco se afana en esa tarea de contención consciente de que en algún momento todo puede saltar por los aires. Pero ni siquiera será imputable ni al PP ni a García Gallardo: será cosa de Santiago Abascal, que en realidad es este partido de VOX.
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