Una mirada para la detección precoz del autismo

Un grupo de seis investigadores promueven el programa de investigación ‘bbMiradas’, que se desarrolla en el Hospital Universitario de Burgos, y que analiza a niños a partir de dos meses para conocer nuevos indicadores de riesgo en este trastorno.

El punto de partida para el conocimiento de las personas en diversos ámbitos está en la mirada: la percepción de los colores, las formas, los gestos, la comunicación no verbal, la atracción física… Todo ello parte de la información que procesa nuestro cerebro a través de los ojos. Por ello, un grupo de investigación del Hospital Universitario de Burgos (HUBU), en colaboración con Autismo Burgos, parten de este aspecto para poner en marcha un programa de detección precoz de este trastorno.

 

‘bbMiradas’ es el proyecto que han puesto en marcha hace dos meses seis personas (dos neuropediatras, una psicóloga, una licenciada en Salud Pública, un psicopedagogo y otra persona dedicada a la intervención general) en el que, a través de un programa de seguimiento en bebés a partir de 2 meses, buscan nuevos indicadores que mejoren tanto el tiempo de diagnóstico como el de intervención en personas con autismo.

 

 El Trastorno del Espectro Autista define una alteración en la comunicación y la socialización, y provoca intereses restringidos (movimientos repetitivos o juegos diferentes a otros niños.

 

La idea surgió a partir de la publicación de los primeros resultados de un estudio realizado en Estados Unidos basado en la tecnología del ‘Eye-tracker’, a través de la cual se presentan una serie de imágenes que muestran expresiones y a las que se introducen distractores que, en el caso de las personas que padecen autismo, les supone un decrecimiento del interés por los elementos centrales.

 

 

Con un dispositivo idéntico, el programa ‘bbMiradas’ busca los síntomas antes de que sean evidentes, siempre teniendo en cuenta el valor social de la mirada. Según comenta la neuropediatra Montesclaros Hortigüela, miembro del equipo, “el ser humano, desde que nace, mira a los ojos; sin embargo, en estos niños va decreciendo ese interés y se centra en otros aspectos que actúan de distractores”.

 

El estudio, que comenzó en marzo y que ya ha analizado a un total de 51 niños, divide a los bebés en bloques: Grupo de Alto Riesgo (cuentan con familiares de hasta 4 grado con autismo), Grupo perinatal (nacen con problemas de cromosomopatía, son prematuros…) y el Grupo de Control (a priori, no presentan ningún riesgo). Los investigadores están analizando todos estos perfiles con un ratio 1-1-1, es decir, por cada niño de uno de los conjuntos se introduce otro del resto.

 

Los niños con algún familiar con autismo tiene un alto riesgo de padecerlo

 

Tal y como explica el psicopedagogo de Autismo Burgos, Javier Arnáiz, el objetivo es empezar cuanto antes a actuar. “Si a esos niños”, continúa, “les vas estudiando desde bebés, cuando confirmes que tienen autismo puedes conocer qué síntomas tenían previos que nos hacían sospechar pero que no podíamos confirmar”. En este sentido, empezar a identificar los primeros indicadores antes de que aparezcan todos permite ganar tiempo en la intervención

 

A partir de ese momento, se pone en marcha la maquinaria de la intervención. El trabajo con estos niños va a ser sobre todo de asesoramiento a los padres para que potencien en el niño aprendizajes que otros aprenden solos, como los saludos, las sonrisas… “Se puede trabajar mediante exageraciones o también con el fomento de las situaciones que permitan corregir comportamientos”, puntualiza Arnáiz.

 

Los factores que se tienen en cuenta en ‘bbMiradas’ son la alimentación, el sueño y el comportamiento. Aunque el análisis de datos dura durante los 36 primeros meses, ya se ha concluido que 8 de esos menores requieren de intervención, aunque no se ha confirmado un diagnóstico de TEA. No obstante, Irene López, Licenciada en Salud Pública y miembro del equipo investigador, matiza que “los rasgos pueden aparecer en cualquier momento”. “Una vez que se identifiquen”, continúa, “vamos a tener una base para comparar”.

 

Este estudio es pionero en Europa. Sólo se ha puesto en marcha en Estados Unidos y en Australia.

 

Como casi siempre en este tipo de proyectos tan ambiciosos, los recursos no suelen ser suficientes. El doctor David Conejo, coordinador del programa, reconoce que el mayor coste está en el personal y las horas que se emplean en el trabajo y que no están siendo remuneradas en muchos casos. Además, considera que “debería haber personas con dedicación exclusiva a esta idea”.

 

 

La financiación para este proyecto ha permitido comprar el dispositivo ‘Eye-tracker’ y poner en marcha el proyecto piloto, pero la idea es que este programa sea a muy largo plazo. Si los resultados muestran que es un método eficaz, el primer paso sería que el Ministerio recomendase la réplica para otros hospitales.

 

El programa analiza a niños a partir de dos meses, aunque no es un criterio estricto. Se realizarán consultas hasta los 3 años.

 

El éxito de este programa supondría para Autismo Burgos haber contribuido a generar un gran impacto en la vida de las personas con este trastorno. “No todas las investigaciones que se realizan en esta materia son válidas y, en este caso, habría sido una investigación que verdaderamente sirve a los usuarios de la asociación”, señala Javier Arnáiz.

 

Por su parte, David Conejo indica que con este programa “se va a sensibilizar mucho al personal médico en la detección temprana y se va implicar a todo el sistema sanitario”. Además, recuerda que “hace unos años el diagnóstico era muy tardío, llegando a ser a partir de los 3 años”, lo que suponía una pérdida en la funcionalidad en los chicos. De esta manera, los niños van a ser más adaptados y las familias van a estar más implicadas en el proceso de intervención.

 

“No sólo es copiar un sistema americano que vemos que funciona, sino que vamos más allá, porque nosotros incorporamos la intervención”, concluye Conejo al tiempo que ensalza el valor del proyecto: “es muy ambicioso a nivel mundial. El diagnóstico precoz del autismo ha mejorado, pero aún queda mucho por mejorar. Este programa supone un soplo de viento cargado de optimismo en un infinito camino que algunos se encargan de hacerlo cada día más corto.

 

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