Las realidades paralelas del San Pablo y el UBU Colina Clínic

Fotos: FENÁN LABAJO (TB) Y MARÍA GONZÁLEZ (SPB)

Los equipos de rugby y baloncesto viven un momento dulce, haciendo historia al vencer a equipos como El Salvador o Unicaja el pasado fin de semana. 

Hace no muchos años Burgos soñaba con tener a algún equipo en la élite para poder presumir y disfrutar cada fin de semana del deporte de primer nivel. Con la extinción del Universidad de Burgos de voleibol, la imposibilidad económica de concretar ascensos en el baloncesto y una crisis que no terminaba de marcharse, ni siquiera el fútbol, que transitaba entre la tercera y la segunda B, parecía capaz de traer el optimismo a la ciudad. 

 

Todo eso empezó a cambiar hace dos años. El CB Tizona desaparecía tras su tercer ascenso consecutivo sin concretarse y surgia la esperanza del San Pablo Burgos como proyecto a medio plazo que, al menos, quitara el gusanillo del baloncesto a los 2.000 aficionados que acudían cada viernes al Polideportivo de El Plantío. Llegó entonces la sentencia judicial que abría la posibilidad a un ascenso a ACB y el CB Miraflores no lo desaprovechó. 

 

Después de un inicio titubeante con 7 derrotas consecutivas, el conjunto de Diego Epifanio cambió la dinámica y concretó su permanencia en la primera temporada en Liga Endesa con la cifra de 13 partidos ganados y una más que meritoria décimocuarta posición que aseguraba otro año más en lo más alto. 

 

Poco tuvieron que esperar los aficionados al baloncesto para volver a frotarse los ojos, ya que en la jornada 2 el San Pablo derrotó al histórico Baskonia, subcampeón de Liga y Supercopa, por 82-79. Un triunfo histórico al que este pasado fin de semana le ha acompañado otro ante Unicaja, este incluso por una mayor diferencia (88-79). Algo inimaginable por aquellos a los que un ascenso ya les parecía un sueño casi imposible. 

 

Mucho más lejano parecía hace siete años a los locos del rugby que compaginaban su pasión con sus respectivos trabajos. El Aparejadores se defendía como gato panza arriba en la división Regional sin que se diese cuenta en ese momento de que estaba creando los cimientos de un sueño que también culminaría el pasado fin de semana con otra victoria histórica. 

 

Antes tuvieron que ascender a la División B en el año 2014 y en su primera temporada en la Segunda Divisón del rugby nacional se convirtieron en el equipo revelación y aportando un granito de arena para atraer adeptos y patrocinadores. Un año después, jugaron su primera fase de ascenso llegando a semifinales tras eliminar a su bestia negra esa temporada, el Babyauto Zarautz. El CAU Valencia sorprendió a los gualdinegros y truncó el sueño de jugar una final. 

 

Hubo otra desgracia en la historia del UBU Colina Clínic. Un año más tarde, y tras arrasar en la temporada regular, La Vila se presentó como el último escollo hacia la División de Honor. El conjunto burgalés tuvo en su mano el encuentro hasta el último segundo, cuando un ensayo y transformación volvió a echar por tierra las ilusiones. 

 

Volvieron con fuerza al año siguiente y, ganando a todos y cada uno de los rivales que se pusieron en su camino, el Aparejadores llegó a lo más alto. Una alegría solo comparable a la que protagonizaron el pasado domingo, cuando los de Álvaro González vencieron al SilverStorm El Salvador, campeón de Copa del Rey y líder hasta el momento, por 29-27. 

 

La historia reciente de ambos clubes se ha ido dando la mano hasta llegar a lo más alto y momentos como los del fin de semana no hacen sino agrandar el sueño de que, por qué no, baloncesto y rugby sigan cumpliendo metas. 

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