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Burgos

El agosto de las ocurrencias: hablar de despoblación con tal de no formar gobierno

EDITORIAL

Publicado el 12.08.2019

“Están de vacaciones. Volverán y arreglarán la situación”. La frase, cargada de ironía, le viene como anillo al dedo a la situación de la política patria este mes de agosto. Y eso que ni su autor, ni la realidad a la que se refiere ni siquiera el país corresponden con España, pero describe perfectamente el punto de desencanto al que nos han arrojado, abandonados, nuestros políticos electos.

 

Esta semana, la del 15 de agosto, los que no se haya ido de vacaciones a la playa lo estarán en el pueblo. Las empresas que no estén ya en ‘stand by’ habrán colgado el cartel de ‘Cerrado’ por verano, quien sabe si para no volver a abrir en septiembre. Y por lo visto en los desastrosos datos del empleo, quien no hay encontrado ya un trabajo, siquiera temporal, ya no lo va a lograr, ni en la hostelería. Para muchos será el empujón definitivo para marcharse a otras latitudes. La parálisis económica llama a las puertas, las alarmas están sonando y da igual quien lo advierta o la entidad de las evidencias, porque nadie parece en condiciones de reaccionar.

 

La parálisis económica llama a las puertas, las alarmas están sonando y da igual quien lo advierta o la entidad de las evidencias, porque nadie parece en condiciones de reaccionar

 

Con el mes vacacional por excelencia ya avanzado, en las administraciones solo resisten los cargos de guardia, los que se van a quedar al pie del cañón gestionando las crisis de temporada o serpientes de verano. En los ayuntamientos no hay casi actividad al margen de las fiestas patronales, y eso donde no las esperan para septiembre. Poco o nada fuera de las polémicas de turno. En Castilla y León el nuevo gobierno bipartito sí ha fijado algún consejo de gobierno agostil, pero será difícil que haga más ruido que el apartamento presidencial de Luis Fuentes. Nada del otro mundo. Y no nos quejamos: podría ir peor. Podría ser como la (no) formación del Gobierno estatal.

 

Con la que está cayendo, tras la fallida primera investidura los dos actores a los que todo el mundo mira se han instalado en un estado de “desconfianza”. Ese ha sido el mantra de la última semana, así que no nos hemos movido mucho: ya sabíamos que Pedro Sánchez y Pablo Iglesias no se fían el uno del otro. Seguimos como estábamos porque tampoco han entendido lo que se les pide, que no es otra cosa que altura de miras y dejar de jugar con la irresponsable repetición de elecciones. En vez de eso, el presidente en funciones se ha embarcado en una nueva andanada de presiones, pero en vez de reforzar las negociaciones directas, que es lo que realmente hace falta, ha organizado una insólita ronda de contactos.

 

El ánimo, explican, es ofrecer a Iglesias una agenda social avalada por toda una panoplia de asociaciones, desde la patronal y los sindicatos, al tercer sector o los ecologistas. Las reuniones son, sobre el papel, para elaborar ese acuerdo programático de base que convenza a Podemos de que lo mejor es hacer presidente a Sánchez apoyando un gobierno socialista sin entrar en su composición. En ello está empeñado este mes de agosto el presidente en funciones. Por lo visto hasta ahora, está lejos de poderlo conseguir: lo contrario hubiera sido una sorpresa. El único resultado esperable ya se ha revelado: propuestas generales y ya conocidas. Y el peligro de alguna ocurrencia que el propio presidente ha desgranado.

 

Lo ha hecho con motivo de la reunión con la Plataforma Soria Ya, interlocutor convocado para hablar de despoblación. En el encuentro los activistas por el futuro de esta provincia, referentes de la ‘España Vaciada’, relataron a Sánchez el diagnóstico conocido y recibieron recetas también conocidas: un problema que requiere de coordinación y de actuaciones globales. De recuerdo se llevaron la original propuesta de repoblar el interior con funcionarios para trabajar en administraciones del estado que se trasladarían a capitales de provincia. Otra cosa será qué trámites, licencias, empadronamientos, permisos o autorizaciones tramitarán esas instituciones en provincias en las que empresas, empleos y población empiezan a escasear.

 

Bajo la apariencia de un agosto de trabajo aparece una nueva pérdida de tiempo porque hasta los propios implicados en la imaginativa ronda se lo han dicho: no es a ellos a quienes debe pedir apoyos parlamentarios

 

Con semejante nivel de interlocución y ocurrencias, la sensación real es que se trata de seguir mareando la perdiz. Bajo la apariencia de un agosto de trabajo aparece una nueva pérdida de tiempo porque hasta los propios implicados en la imaginativa ronda se lo han dicho: no es a ellos a quienes debe pedir apoyos parlamentarios, porque no se los pueden dar. Vamos, que es sobre Iglesias con quien debe volcar sus atenciones… justo al único al que no quiere ni ver. Así que mejor si coge vacaciones, todo el mundo las necesita, y vuelve en septiembre sin excusas y con ganas de formar gobierno.

 

“Sería mucho mejor si las personas en el poder se volvieran locas e hicieran algo... en muchas áreas diferentes”. La frase, como la que encabeza este artículo, iba para Donald Trump y es de Greg Popovich. El legendario entrenador de baloncesto se ha pronunciado así tras los tiroteos masivos en EEUU. El seleccionador del equipo americano criticaba con dureza la parálisis de sus políticos ante los problemas de su país, como las armas, los salarios o la desigualdad…  El  consejo vale, por lo que se ve, para los problemas patrios, empezando por el comportamiento político. “Arreglarán todo eso cuando regresen, estoy seguro”, ha dicho ya con el modo ironía al máximo volumen. Sentencias que destilan desconfianza en la clase política, que sirven para Trump o para quienes se complican en ocurrencias con tal de no formar gobierno.

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