Consejos básicos para afrontar la dermatitis atópica en otoño-invierno
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Consejos básicos para afrontar la dermatitis atópica en otoño-invierno

La dermatitis atópica suele mejorar en verano y gracias a la exposición moderada al sol.

La semana que viene se inicia el otoño y son muchos los pacientes con dermatitis atópica que vuelven de las vacaciones con la enfermedad controlada y temen de nuevo la llegada del frío o de las calefacciones, y lo que estas pueden perjudicar a su piel.

 

El caso es que de forma habitual la dermatitis atópica suele mejorar en verano y gracias a la exposición moderada al sol. De hecho, la doctora Bibiana Pérez García, médico especialista en Dermatología del Hospital Universitario Ramón y Cajal de Madrid, resalta en una entrevista con Infosalus, que la fototerapia con luz ultravioleta es uno de los tratamientos ampliamente utilizados, en pacientes con formas moderadas, sobre todo.

 

"Sin embargo, algunos pacientes empeoran en verano, sobre todo en relación con la sudoración y con los climas muy cálidos con alto índice de humedad. El baño en piscinas también puede ser un problema, por lo que es importante acortar su duración, ducharse después y aplicar emolientes o protectores solares con capacidad hidratante", subraya.

 

La dermatitis atópica es una enfermedad inflamatoria caracterizada por la presencia de eczemas en la piel, con enrojecimiento y descamación, a veces con exudación, erosiones y costras, que se acompaña de intenso picor y tiene un curso crónico con períodos de mejoría y de empeoramiento, según detalla la especialista.

 

Dice que con frecuencia se asocia a manifestaciones alérgicas, como la rinitis y el asma, al mismo tiempo que resalta que se trata de una enfermedad muy frecuente en la infancia, con prevalencia en torno al 20%, si bien afirma que no es rara en adultos, con cifras de prevalencia entre el 2 y el 10%.

 

SÍNTOMAS DE LA DERMATITIS ATÓPICA

En concreto, la doctora Pérez García detalla que el picor es el síntoma fundamental de la dermatitis atópica, siendo por tanto un criterio fundamental para el diagnóstico: "En los pacientes atópicos la piel pica casi siempre, no sólo durante los brotes y no sólo en las zonas con eczema visible, aunque la intensidad del picor es muy variable".

 

Es más, valora que, frecuentemente, este síntoma dificulta mucho el sueño y favorece un estado de irritabilidad consecuencia del propio picor y de la falta de descanso. "Pero la piel del atópico no sólo pica, también duele, sobre todo en los momentos de brotes agudos, y el daño de la barrera cutánea favorece la pérdida de agua, con un estado de sequedad que se denomina xerosis y que se manifiesta con descamación y sensación de tirantez y de disconfort", lamenta.

 

Por ello, la experta del Hospital Ramón y Cajal mantiene que todos estos síntomas tienen una repercusión importante en la calidad de vida de los pacientes, dificultando las relaciones sociales y laborales y favoreciendo situaciones de ansiedad y de depresión.

 

Según prosigue, es una patología donde la mayor parte de los pacientes experimentan periodos de mejoría intercalados con periodos de empeoramiento, los llamados 'brotes', a menudo en relación con factores ambientales desencadenantes, sin olvidar el estrés, que muchos refieren como un desencadenante claro. "Sin embargo, algunos pacientes con formas graves permanecen en una especie de brote continuo sin experimentar mejorías claras salvo en relación con determinadas intervenciones terapéuticas", subraya.

 

En este sentido, ve importante destacar que cada vez contamos con más herramientas farmacológicas eficaces para el control de la dermatitis atópica, y que permiten tratar los casos severos con mayor eficacia y seguridad a largo plazo. "En un futuro próximo, considerando los resultados que se van obteniendo en múltiples ensayos clínicos, el arsenal terapéutico crecerá, por lo que estamos en un momento de optimismo para el manejo de estos pacientes, que en muchos casos habían tirado la toalla y habían perdido la confianza en la capacidad de la medicina para mejorar su calidad de vida", valora la experta.

 

De cara al otoño, considera que es muy importante no bajar la guardia para evitar un rebrote importante, para lo que plantea los siguientes consejos:

 

1. Mantener una buena hidratación diaria de la piel, preferiblemente después de la ducha. La hidratación debe ser una rutina habitual tan interiorizada como lavarnos los dientes.

2. Retomar tratamientos previos al verano. Es conveniente mantener un buen contacto con el dermatólogo para no demorar la reintroducción de fármacos si la enfermedad comienza a brotar.

3. El estrés es a menudo un factor desencadenante de los brotes. Conviene planificar actividades relajantes y divertidas que ayuden a mitigar la carga emocional que supone la vuelta al cole o al trabajo. El deporte moderado suele ser de gran ayuda.

4. Muchos pacientes suelen experimentar brotes en invierno. Además de tratar de controlar factores ambientales, como las calefacciones demasiado fuertes o el empleo de prendas de lana en contacto con la piel, hay que evitar sufrir de manera anticipada por lo que pueda ocurrir, ya que acabaríamos de nuevo en el círculo vicioso estrés/dermatitis.

 

Es importante mantener una actitud positiva y recordar que disponemos de tratamientos eficaces para controlar la enfermedad. El apoyo psicológico profesional es muy útil en algunos pacientes, así como las asociaciones de pacientes y la asistencia a las escuelas de atopia que organizan reuniones periódicas en muchos centros sanitarios.

 

¿PUEDE PREVENIRSE?

Por otro lado, la especialista en Dermatología indica que la historia familiar de atopia es el principal factor de riesgo, de modo que, si los dos progenitores tienen historia de dermatitis atópica, un 80% de los hijos van a manifestar la enfermedad.

 

"Se conocen múltiples mutaciones en genes responsables de la síntesis de diversos componentes de la barrera cutánea que se asocian al desarrollo de dermatitis atópica. Además de la herencia, también influyen factores ambientales: el clima, la contaminación ambiental, la exposición al humo del tabaco o a irritantes como los detergentes", sostiene.

 

Con ello, apunta que aquellos niños con historia familiar de atopia el cuidado adecuado de la piel desde los primeros meses de vida puede disminuir el riesgo de padecer la enfermedad. "Se ha publicado el efecto preventivo del uso intensivo de emolientes desde el nacimiento, sin embargo, estudios posteriores no confirman este efecto protector", apostilla la doctora.

 

Pérez García señala, eso sí, que la convivencia con perros en la infancia podría tener también un efecto favorable, mientras que ocurriría lo contrario con los gatos: "En general, una mayor exposición microbiana en la infancia parece disminuir el riesgo de la enfermedad, así como una higiene correcta evitando el uso de irritantes como los jabones con alto poder detergente, y una alimentación equilibrada, sin restricciones dietéticas salvo en el caso de alergias alimentarias concomitantes".

 

Además, sostiene que el uso materno de probióticos durante el embarazo y la lactancia también ha mostrado una disminución del riesgo de desarrollar dermatitis en los niños, si bien precisa que "el nivel de evidencia de esta intervención es bajo".

 

En este contexto, recuerda que la frecuencia de la dermatitis atópica en los niños pequeños ha ido aumentando en las últimas décadas, posiblemente en relación con cambios en el estilo de vida, con una mayor exposición precoz a irritantes y a contaminantes ambientales, y relacionado posiblemente también con una menor exposición microbiana, especialmente en el medio urbano, donde la prevalencia de esta enfermedad es mayor.

 

Por otro lado, confirma que el mayor conocimiento y la mejor caracterización de la enfermedad también han contribuido al aumento en el diagnóstico de dermatitis atópica desde edades tempranas. Ahora bien, la doctora Pérez García mantiene que, aunque la dermatitis atópica se inicia antes del primer año de vida en un 60% de los casos, no todos los pacientes seguirán padeciendo la enfermedad en la edad adulta.

 

"Si en los niños la prevalencia alcanza un 20%, en los adultos se sitúa entre un 2 y un 10%. En algunos pacientes adultos no existe el antecedente de dermatitis atópica en la infancia, e incluso existe una forma poco frecuente que debuta en edades avanzadas. Por otro lado, se estima que unas 30.000 personas en España padecen formas graves de dermatitis atópica, con un importante deterioro de su calidad de vida", resalta.

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