Un estudio relaciona el ejercicio físico con una mejor percepción del propio cuerpo entre los universitarios
Una investigación de la Universidad Isabel I con 403 estudiantes universitarios descubre que quienes realizan más ejercicio intenso tienden a un mejor autoconcepto físico
Los universitarios que realizan más actividad física intensa tienden a tener una percepción más positiva de su propio cuerpo. Esta es una de las principales conclusiones de un estudio liderado por Daniel Sanz-Martín, profesor del Máster Universitario en Formación del Profesorado de la Universidad Isabel I, en el que han participado 403 estudiantes de 41 provincias españolas.
La investigación también revela problemas de sueño entre los participantes y diferencias importantes en la percepción del propio cuerpo según su índice de masa corporal (IMC). Los estudiantes con obesidad presentan las puntuaciones más bajas en autoconcepto físico y dedican menos tiempo al ejercicio intenso que los demás grupos analizados.
Los resultados muestran que la actividad física, el descanso y la percepción corporal están relacionados, aunque los investigadores advierten de que no puede afirmarse que hacer más ejercicio sea la causa directa de una mejor valoración del propio cuerpo.
Los estudiantes con obesidad presentan una peor percepción de su cuerpo
Uno de los principales resultados del estudio se refiere al autoconcepto físico, es decir, cómo percibe una persona su propio cuerpo y sus capacidades físicas. Los estudiantes con peso bajo y normal obtuvieron resultados muy similares, con medias de 3,61 y 3,60 puntos, respectivamente. Entre quienes tenían sobrepeso, la puntuación descendió ligeramente hasta 3,47 puntos. La diferencia más importante apareció entre los participantes con obesidad, cuya puntuación media fue de 2,67 puntos sobre cinco.
Los investigadores observaron que, en el conjunto de estudiantes, un IMC más elevado tendía a relacionarse con una percepción menos positiva del propio cuerpo. Sin embargo, el peso no es el único factor relacionado con el autoconcepto físico. La investigación también encontró una asociación positiva entre esta percepción y la práctica de actividad física intensa en los cuatro grupos estudiados.
¿Cuánto ejercicio intenso realizan los universitarios?
El estudio analizó el tiempo que los participantes dedicaban semanalmente a actividades físicas vigorosas, es decir, aquellas que requieren un esfuerzo elevado. Los resultados muestran diferencias considerables según el IMC. Los estudiantes con obesidad declararon una media de 75,86 minutos semanales de ejercicio intenso, mientras que quienes tenían un peso normal alcanzaron los 233,54 minutos. Entre los participantes con sobrepeso, la media fue de 246,74 minutos y, entre los estudiantes con bajo peso, de 269,21 minutos semanales.
Por tanto, los universitarios con obesidad fueron quienes registraron menos actividad física vigorosa y, al mismo tiempo, una valoración menos positiva de su propio cuerpo.
Los autores señalan, no obstante, que estos resultados no permiten determinar si practicar más ejercicio mejora la percepción corporal, si quienes se sienten mejor con su cuerpo realizan más actividad física o si intervienen otros factores.
La calidad del sueño
Otro resultado relevante del estudio es la mala calidad del sueño registrada entre los participantes. Los estudiantes obtuvieron una puntuación media de 9,37 puntos en el Índice de Calidad del Sueño de Pittsburgh, un cuestionario que evalúa cuánto tarda una persona en dormirse, cuántas horas descansa, si se despierta durante la noche y cómo afectan estos problemas a su actividad diaria. En esta escala, cuanto mayor es la puntuación, peor es la calidad del sueño.
Los investigadores consideran que el resultado refleja un descanso muy deficiente entre los estudiantes analizados. La media también es superior a las registradas en otros estudios con universitarios españoles, que habían obtenido 6,39 y 8,4 puntos. Además, descubrieron que los estudiantes con una percepción más positiva de su propio cuerpo tendían a dormir mejor en diferentes aspectos: tardaban menos en conciliar el sueño, descansaban durante más tiempo y presentaban menos alteraciones nocturnas.
Los estudiantes con sobrepeso registraron la peor calidad global del sueño, con 11,17 puntos, frente a los 9,09 de quienes tenían un peso normal y los 9,56 del grupo con obesidad. Esto significa que la calidad del descanso no empeoraba de manera progresiva a medida que aumentaba el IMC. Aunque se encontraron relaciones entre un IMC más elevado y algunas dificultades para dormir, los resultados fueron diferentes según el aspecto del sueño analizado.
El 25% de los participantes tiene sobrepeso u obesidad
La investigación también permitió conocer algunas características físicas y hábitos de los estudiantes que participaron. La mayoría, el 68,73%, tenía un IMC correspondiente a la categoría de peso normal. El 19,35% presentaba sobrepeso y el 7,20%, obesidad. En conjunto, ambos grupos representaban el 26,55% de los participantes, algo más de uno de cada cuatro. El 4,71% restante se encontraba en la categoría de bajo peso.
El estudio también encontró diferencias entre hombres y mujeres, especialmente en la cantidad de ejercicio intenso que declaraban realizar. Los hombres registraron una media de 301,45 minutos semanales de actividad física vigorosa, frente a los 181 minutos de las mujeres. La diferencia equivale aproximadamente a dos horas de ejercicio intenso a la semana. También se observó un IMC medio ligeramente superior entre los hombres, aunque esta diferencia fue pequeña.
Cuestionarios científicos del estudio
Para recoger los datos, los participantes respondieron a tres cuestionarios científicos utilizados en investigaciones sobre salud y actividad física. El IPAQ-SF permitió conocer el tiempo dedicado al ejercicio intenso; el AF-5 se utilizó para estudiar el autoconcepto físico; y el Índice de Calidad del Sueño de Pittsburgh sirvió para analizar el descanso.
El trabajo forma parte del proyecto de investigación de la Universidad Isabel I y cuenta también con la participación de José Luis Ubago-Jiménez y José Manuel Alonso-Vargas, de la Universidad de Granada, y Eduardo Melguizo-Ibáñez, de la Universidad de La Laguna.
La investigación, publicada en la revista científica Retos, señala que los datos se recogieron en un momento concreto, sin seguir la evolución de los participantes a lo largo del tiempo. Por ese motivo, los resultados permiten identificar relaciones entre las variables estudiadas, pero no demostrar que unas sean la causa de otras.








