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Dublín quiere acabar con el manoseo de los pechos de la estatua de Molly Malone
El Ayuntamiento lanza una campaña para frenar el polémico ritual turístico que daña el bronce y aviva el debate sobre misoginia y patrimonio cultural
El Ayuntamiento de Dublín ha decidido tomar cartas en el asunto ante un fenómeno turístico que ha derivado en polémica: el manoseo de los pechos de la estatua de Molly Malone, un gesto que muchos visitantes creen que da buena suerte, pero que está dañando el monumento y genera creciente incomodidad.
Durante la primera semana de mayo, la famosa estatua tendrá vigilancia presencial como parte de un programa piloto que busca restaurarla y concienciar a los turistas. El busto de la estatua luce un brillo evidente tras años de ser tocado constantemente, lo que no solo deteriora el bronce, sino que también ha sido calificado como una forma de cosificación ofensiva.
Un ritual sin raíces... ni gracia
"No hay ninguna tradición irlandesa que diga que tocar los pechos de Molly trae suerte. No lo hacemos los irlandeses", dice Tilly Cripwell, una artista callejera de 23 años que actúa cerca del monumento y lanzó recientemente una campaña para detener este hábito que considera "asqueroso, misógino y pendenciero".
Cripwell celebra la iniciativa municipal, aunque advierte que será insuficiente si se limita a unos días. Su propuesta: elevar la estatua o colocarla en un pedestal más alto. Pero el Ayuntamiento replica que esto sería costoso y que poner barandillas puede incluso aumentar el riesgo de accidentes, ya que la estatua está pensada para ser accesible.
La mujer, el mito... ¿la malinterpretación?
La escultura, obra de la artista Jeanne Rynhart, fue instalada en 1998 en Grafton Street y trasladada en 2014 junto a la oficina central de turismo. Representa a Molly Malone, célebre en el folclore dublinés por la canción 'In Dublin’s Fair City', como una vendedora de mariscos. Según algunas leyendas, fue también prostituta de noche, y su fantasma aún recorre la ciudad con su carretilla.
Aunque no está confirmado si fue una figura real o un personaje ficticio, Molly es un símbolo entrañable de la clase trabajadora de la ciudad, cariñosamente apodada como 'the tart with the cart' (la golfa con el carrito).
El Ayuntamiento reconoce que muchos turistas llegan guiados por narraciones falsas de algunos guías que difunden el supuesto mito de la buena suerte. El objetivo del nuevo programa es educar y sensibilizar, no sólo proteger la estatua, sino también el respeto a la figura femenina representada.
"La campaña no ha terminado", avisa Cripwell, decidida a que el gesto deje de normalizarse. Porque sí: a veces, incluso una estatua necesita que alguien la defienda.
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