¿Por qué le llaman resiliencia a la tolerancia a la frustración?
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Para profesionales

Raúl García Díaz
Reflexiones y consejos para verdaderos profesionales, independientemente del puesto y del sector en el que trabajen.

¿Por qué le llaman resiliencia a la tolerancia a la frustración?

Frustacion detail

Una de las grandes diferencias entre el ser humano y los animales es que el ser humano se está creando expectativas continuamente. Imaginamos cómo vamos a ser de productivos un día concreto, qué resultado obtendrá nuestro equipo de fútbol en un partido decisivo, cómo se ganarán la vida nuestros hijos, lo rica que va a estar la paella que vamos a hacer el domingo, etc. Una expectativa, al fin y al cabo, es una anticipación de lo que va a suceder en un futuro más o menos lejano. Las expectativas pueden ser negativas, si pensamos que lo que ocurrirá será algo malo o positivas, si anticipamos que lo que sucederá será bueno.

 

Las expectativas dirigen nuestro comportamiento y lo motivan, ya que precisamente las positivas son lo que nos gustaría conseguir y las negativas lo que queremos evitar. Tener expectativas positivas sobre algo y no lograrlo, habitualmente, produce frustración. Sobre todo si estábamos absolutamente seguros de que lo íbamos a lograr. Por ejemplo, cuando una persona desea ser promocionado en el trabajo y la empresa oferta una posición en la que está interesado, se crea unas expectativas enormes de conseguirlo. Pero si no es el elegido se siente frustrado porque era algo que anhelaba fuertemente.

 

La frustración es una emoción que se genera por la vivencia del fracaso, por no conseguir lo que se esperaba, por injusticia… Por eso tiene tanta relación con las expectativas. Si yo espero una promoción, no la consigo y me siento fracasado e injustamente tratado, mi frustración será enorme. La frustración influye directamente en la motivación humana ya que puede llevarme a dejar de luchar por aquello que deseo conseguir.

 

El concepto “tolerancia a la frustración” fue acuñado por Rosenzweig en 1938. Y lo definió como la capacidad para resistir la frustración sin tratar de satisfacer la motivación en la forma originaria, ni buscar una manera indirecta de atenuar la tensión producida por la frustración. Dicho de otra manera, te sientes frustrado y aguantas como un jabato. Las personas con baja tolerancia a la frustración pueden reaccionar de manera perjudicial para ellos mismos, simplemente para desahogarse. Pero las personas con alta tolerancia a la frustración, aguantan con los dientes y los puños apretados.

 

Y ¿por qué alguien va a aguantar la frustración? Pues porque en ocasiones no podemos cambiar aquello que nos frustra, como por ejemplo una pandemia mundial que nos está condicionando la vida permanentemente. Pero hay más situaciones en la vida. Sigamos con el ejemplo. Una persona en la situación de nuestro protagonista, podría conseguir otro trabajo y así no sentirse frustrado por no haber promocionado. Pero mientras no lo consiga tendrá que lidiar con su frustración y seguir adelante. Una mala idea sería perjudicial para sí mismo sería, con el objetivo de librarse de esa situación y de la frustración asociada, marcharse del trabajo donde está sin tener un plan B.

 

Y todo esto, los gurús actuales, ahora lo llaman resiliencia. Pero es lo que siempre se ha llamado alta tolerancia a la frustración. En concreto desde 1938. Pero queda mucho más cool llamarlo resiliencia. Porque está mal eso de poner la atención sobre lo negativo, sobre las emociones negativas, sobre la frustración que uno siente y que tiene que tolerar. Cuando en realidad, esas emociones son tan necesarias o más que las positivas, ya que nos ayudan a adaptarnos a la realidad.

 

La vida está llena de frustraciones. Porque una de las grandes diferencias entre el ser humano y los animales es que el ser humano se está creando expectativas continuamente. Si una persona tiene sueños y se crea expectativas, antes o después, sentirá frustración. Porque es imposible lograr todo lo que uno se propone. Aunque haya gurús que traten de convencernos de que podemos lograr todo lo que nos propongamos siempre y cuando lo deseemos con suficiente fuerza. Pero esto sería tema para otro artículo.

 

Gracias por leer.

 

Raúl García Díaz es director de la consultora de recursos humanos Entrepersonas

www.entrepersonas.com

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