Las preguntas profundas con intención
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Para profesionales

Raúl García Díaz
Reflexiones y consejos para verdaderos profesionales, independientemente del puesto y del sector en el que trabajen.

Las preguntas profundas con intención

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Siempre me ha gustado el pasaje del libro Alicia en el País de las Maravillas en el que Alicia se encuentra con el Gato de Cheshire y le pregunta qué dirección debe seguir. Entonces el gato le contesta que depende de adónde quiera llegar. Alicia le responde que le da igual y el gato entonces le contesta que en ese caso, no importa qué camino tome. Las preguntas son importantes. Son tan importantes que han dado títulos a películas, como Quo vadis. También hay libros sobre cómo hacer preguntas, por ejemplo, “Preguntar con humildad”. E incluso hay herramientas de calidad que se basan en preguntas, como “Los 5 porqués”. Las preguntas nos inquieren, nos hacen reflexionar y pensar. En multitud de ocasiones he establecido como uno de los objetivos de mis charlas, conferencias, formaciones e incluso artículos, hacer pensar y reflexionar mediante las preguntas que planteo. Las preguntas son importantes, pero en ocasiones nos quedamos simplemente en la superficie. Y no me refiero a dar respuestas superficiales, sino a hacer preguntas facilonas. Las preguntas realmente importantes son aquellas que escudriñan el fondo más oscuro y desconocido de los asuntos, con el objetivo de encontrar la verdad. Por eso las llamo: las preguntas profundas con intención. Porque para profundizar no sólo hay que hacer una pregunta tras otra, sino que también debe haber una intencionalidad, para buscar lo que está escondido en las profundidades.

 

Existe una gran diferencia entre preguntar sólo con profundidad y preguntar con profundidad e intencionalidad. Se pregunta con profundidad cuando la respuesta a una pregunta genera una segunda pregunta y la respuesta a ésta provoca una tercera, y así sucesivamente. La herramienta de los 5 porqués se basa en la profundidad para encontrar las causas raíz de un problema. Pero lamentablemente, al igual que muchas otras herramientas, en ocasiones se utiliza de manera mecánica. Simplemente para cumplir. Para poner una muesca y demostrar que hemos utilizado la herramienta. Si se utiliza de ese modo, pueden cumplir con el principio de profundidad, pero no con el de intencionalidad.

 

Las preguntas se realizan con intencionalidad cuando se ponen adrede “nombres y apellidos” a las preguntas, con el fin de meter las narices en el asunto. Pongamos un ejemplo. Una pregunta que tendría que ser habitual en las organizaciones es “¿para qué?”. Esta pregunta es la que trata de determinar los objetivos: qué debe conseguirse a futuro. Y es una muy buena pregunta para profundizar con intención en los más oscuros abismos. Te invito, si no tienes miedo a la aventura, a que ahora mismo abras el email y escojas al azar un correo que hayas recibido, después pregúntate: “¿Para qué he recibo este email?” Es decir, ¿cuál es el objetivo? ¿Lo recibo para ser informado? ¿Para que haga algo? Pero no te quedes en ese plano superficial. Profundiza con intención: ¿Qué pasaría si no hubiera recibido este email? ¿Debo realmente ser informado de esto? ¿Cada cuánto tiempo? ¿Esta cumpliendo de manera adecuada este email el objetivo de informarme de algo? ¿Está correctamente escrito? ¿No habría otra manera de informarme que sea más eficaz que enviándome un email?

 

De la misma manera podemos plantearnos preguntas profundas y con intención sobre cualquier proceso o procedimiento en la organización. Pero no nos quedemos en la típica pregunta ¿Por qué se hace esto de esta manera? Que da lugar a la típica respuesta: porque siempre se ha hecho así. Profundicemos con intención. ¿Por qué se decidió hace 7 años hacer esto de esta manera y no de otra? ¿Todas las personas siguen este proceso de la misma manera? ¿Para qué se hace? ¿Cuál es el objetivo? ¿Cómo sabemos que este procedimiento no está dando un buen resultado? ¿Cómo sabemos que lo está dando? ¿Por qué seguimos todavía haciéndolo de esta manera? ¿Por qué no hemos buscamos una alternativa antes? Si se nos ocurre otra manera de proceder, ¿cómo mediremos que cumple mejor con el objetivo que el anterior método?

 

Para analizar debemos preguntar. Para analizar con profundidad tenemos que hacer preguntas profundas y con intención. Y a esas preguntas debemos responder con datos, con información, con registros… Porque si simplemente damos opiniones las preguntas no cumplirán con su cometido. A preguntas profundas y con intención, respuestas con datos y argumentación.

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