Sobriedad digital
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Misión sostenible

María Teresa Pérez Martín

Sobriedad digital

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El blog de María Teresa Pérez Martín en Tribuna de Valladolid.

Ya sabemos que, para construir un mundo más sostenible y respetuoso con el medio ambiente, cada gesto cuenta: andar en lugar de coger el coche, ahorrar en el consumo de agua y electricidad, comprar productos locales, evitar el uso de plásticos, reciclar, etc. A todos estos gestos cotidianos hay que añadir uno que pasa completamente desapercibido, porque cuando se hace “click” en el ordenador se está contribuyendo a contaminar un poco más el planeta.

 

El uso de Internet genera una gran huella de carbono que ya se puede medir en gramos emitidos de C02, empezando por los correos que guardamos o los spams que recibimos. Cada día generamos un montón de datos - videos, entradas en Facebook, Instagram, Whatsapp-, que quedan almacenados en centros de datos que consumen enormes cantidades de energía y de agua para enfriar los servidores cuando se sobrecalientan por el uso excesivo. Se calcula que cada email que almacenamos equivale a unos 10 gramos de C02 y que cada búsqueda en google emite unos 7 gramos de Co2 a la atmósfera.

 

Actualmente, la contaminación digital es invisible, silenciosa y poco conocida. La idea es realmente informar y educar al consumidor, con miras a regular los usos de Internet, ese enemigo invisible que se ha vuelto “obeso”. La sobriedad digital es pues imperativa y supone crear nuevos productos y servicios que consuman menos recursos. Para medir el uso de Internet que se hace en los hogares, se ha lanzado el proyecto de Ctrl S, que acaba de ganar el premio Telecom Innovation de la Federación Francesa de Telecomunicaciones. Se trata de una “Net Box” que se conecta a la caja de Internet en casa y que da equivalencias en cuanto al consumo personal de Internet. El dispositivo mide los gigabytes y proporciona equivalentes de su impacto en kilogramos de carbono, de manera que, por ejemplo, 1645 gramos de CO2 se expresarán en 311 km recorridos en tren.

 

Como en otros ámbitos de la sostenibilidad, la clave de la sobriedad digital está en la reflexión y en el cambio de hábitos a pequeña escala, para reducir nuestra huella de carbono digital. Es necesario consumir internet con moderación, cuestionándonos si estamos viendo un video porque realmente queremos o porque Internet nos lo impone.

 

La asociación The Shift Projet, ha elaborado un informe con buenos consejos para convertirnos en sobrios digitales. Se recomienda comprar equipos menos potentes, que usarán menos energía y reducir la frecuencia con la que cargamos los aparatos. Se aconseja también alejarse del streaming que, según el informe, es el responsable de la emisión de 300 millones de toneladas de C02 anuales. Hay que reducir el tiempo diario de visionado de los videos y disminuir el peso de cada video para utilizar así menos energía en su difusión. Por último, el informe invita a utilizar otros motores de búsqueda distinto a google como, por ejemplo, Ecosia que se compromete a plantar un árbol con cada consulta. Un 80% de las ganancias obtenidas por la publicidad en su web se destina a plantar árboles en zonas deforestadas.

 

La adopción de hábitos digitales más sostenibles, se convierte en una necesidad imperiosa, ahora que la red 5G ha venido para quedarse; lo que supondrá un inmenso avance en la velocidad de circulación de datos; la autopista se ensancha, pero también habrá mucha más contaminación. Por eso pienso que, la instalación del 5G ha de realizarse bajo la perspectiva del principio de precaución, evitando la aplicación apresurada de una tecnología, cuando aún no se ha investigado suficientemente sobre sus posibles consecuencias. Mientras que en España la red 5G se está instalando sigilosamente sin consulta pública ni la debida información sobre los daños ambientales y en la salud humana que genera la contaminación electromagnética, en otros países se ha adoptado una moratoria para evaluar mejor el impacto humano y ambiental de esta nueva red.

 

Como siempre, hay muchos intereses económicos y geopolíticos en juego y por eso, en el fondo, me pregunto ¿qué beneficio directo supone el aumento de la velocidad de circulación de datos para un simple individuo de a pie?

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