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Menudo Panorama

Pedro Santa Brígida
Periodista

Tsunami ¿democrático? en Cataluña

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El post de Pedro Santa Brígida en Tribuna.

Es muy triste lo que está ocurriendo en Cataluña tras la sentencia del ‘procés’. Las imágenes de violencia que nos llegan desde el pasado lunes y que con toda seguridad continuarán en los próximos días os semanas describen por sí mismas lo que está ocurriendo en la sociedad catalana, donde un presidente, Torra, anima descaradamente a la algarada, al tiempo que la policía que depende de su gobierno tiene que emplearse a fondo para mantener el orden público.

 

Esta especie de esquizofrenia y/o bipolaridad del gobierno catalán es algo inaudito. Cierto es que ERC no comparte la violencia, como también lo es que Puigdemont, desde su palacete de Waterloo, se dedica a atizar el caos. Los perjuicios de toda índole para Cataluña -y para España- que está generando esta situación no auguran nada bueno. De momento, en los viajes del Imserso de los jubilados las peticiones para viajar a Cataluña han caído un 70 por ciento. Sin duda, el turismo catalán va a ser el primer sector económico afectado por las agresiones a personas, los cortes de carreteras y vías ferroviarias, los vuelos cancelados, los contenedores quemados y demás fechorías que están siendo emitidas por las televisiones de medio mundo.

 

Hay ciudadanos, independentistas y pro derecho a decidir, que se están manifestando pacíficamente, mientras que otros, antisistema y violentos, están buscando la gresca y la violencia. Cada cual es libre de ejercer su derecho a la protesta como considere, eso sí con las correspondientes responsabilidades legales si son detenidos, pero a mí quienes me preocupan de verdad son los millones de catalanes que no son independentistas, que viven asustados, incluso con miedo, que no pueden expresarse libremente porque entonces serían objeto de acoso por parte de los supremacistas que consideran todo lo español como fascista, nazi y lindezas parecidas.

 

He podido escuchar estos días testimonios de personas que irán a la huelga general para no ser señalados, que sufren porque sus hijos se han convertido al independentismo extremo, que han perdido amistades por la ruptura social que ha fragmentado la sociedad catalana, que no pueden mostrar su bandera porque serían arrollados por la masa, en definitiva que no se sienten libres en su tierra, que apenas pueden convivir con muchos de sus vecinos. Unos cuantos ya se han ido de allí ante el ambiente social irrespirable.

 

La política ha fracasado, la de los sucesivos gobiernos del Estado y la de los gobiernos catalanes, y quienes han estado al frente de los partidos políticos han demostrado su ineptitud, claro que la utilización del sistema educativo y de los medios de comunicación públicos en Cataluña para anular cualquier rasgo de españolidad es digna de un estudio sociológico y casi psiquiátrico del fanatismo racista que han ejercido en las últimas décadas un montón de gentes de toda clase y condición.

 

La guerra mediática abierta en el extranjero por el independentismo no tiene parangón. Mentir sobre la historia, propagar fake news, engañar o, sencillamente, decir estupideces es el pan nuestro de cada día. El cinismo de Xavi Hernández y Pep Guardiola no tiene parangón, España no es una democracia y sin embargo Qatar y los Emiratos Árabes son el Edén. El comunicado del Barça sobre la sentencia del ‘procés’ (o el tuit del responsable de las categorías inferiores del club sobre el mismo asunto) es un ejemplo muy gráfico de lo que está ocurriendo en Cataluña.

 

Personalmente, lo que más me llama la atención es que el conflicto catalán se disparó cuando se hizo público el caso Puyol, la todopoderosa familia burguesa que ha dirigido Cataluña desde los años ochenta (antes con Franco, también) y que ha sido pillada -y de qué manera- con las manos en la masa. También me interesa el papel que ha representado en toda esta película el delfín y sucesor, Artur Mas, y como remate la elección de Puigdemont y Torra como secundarios de lujo ahora aspirantes al Óscar.

 

Tengo serias dudas de que la euroorden contra el anteriormente periodista Puigdemont salga adelante y ninguna de que los condenados por sedición estarán en la calle antes de que cante el gallo. La vida no es un tsunami democrático, es puro espectáculo.