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Menudo Panorama

Pedro Santa Brígida
Periodista

Promesas electorales en tiempos de crisis

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El post de Pedro Santa Brígida en Tribuna de Valladolid.

Los españoles nos enfrentamos en un mes a las cuartas elecciones generales en cuatro años, lo que viene a demostrar la incapacidad de los dirigentes de los partidos políticos a interpretar el voto de los ciudadanos. No hay cultura de pacto a nivel nacional, priman las ideologías y, particularmente, el egocentrismo y la soberbia de los principales líderes, de unos más que de otros.

 

Desde hace meses venimos escuchando a todos los organismos internacionales alertar de que la economía se está desacelerando, enfriando o como ustedes lo quieran llamar. Los más pesimistas anuncian una nueva crisis global de repercusiones nada halagüeñas, que como es habitual pagará la gente de a pie.

 

La economía española padece de males endémicos que nadie se atreve a acometer y para lo que resulta imprescindible un acuerdo, un gran pacto de Estado por encima de los intereses partidistas y la estupidez propia que conlleva el cortoplacismo que suele imperar en la política. Por citar algunos ejemplos: El sistema de las pensiones está quebrado, es inviable a largo plazo y lo sabemos todos; el paro sigue estando muy por encima de la media europea (Portugal sitúa sus cifras de desempleo en la mitad que España); el endeudamiento del sector público -y también del privado- es elevado en exceso; la alta tasa de envejecimiento y la muy baja de natalidad obligan a un necesario ajuste en el régimen productivo, etc.

 

Las guerras comerciales impulsadas en los últimos años por Donald Trump, el crecimiento endémico de las economías de Alemania, Reino Unido, Italia o Francia, las consecuencias que traerá consigo el Brexit, la imparable competencia de China, el incremento en los precios del petróleo, las secuelas que empieza a generar el cambio climático complican sobremanera la incierta situación económica mundial. En España, por si no fuera suficiente, perdemos enormes energías -y dinero público- en las batallas territoriales…

 

Ante este panorama, asistimos los españoles -muchos de nosotros atónitos- a las nuevas promesas electorales del 10-N. Las propuestas que realizan estos días algunos candidatos -si se cumplen, que ese es otro cantar- suponen miles de millones de euros que vamos a pagar entre todos. No hace falta preguntarse de dónde saldrá tanta pasta para ‘animar’ el voto, pues como siempre de la cartera de las personas, de las familias y de las empresas.

 

Si las peores predicciones se cumplen, la economía española estará tiritando dentro de un año y entonces subirá el termómetro del mosqueo popular generalizado, habrá mujeres y hombres, mayores y pequeños que lo pasarán fatal porque el paro volverá a elevarse a niveles inasumibles para un país que se considera ‘desarrollado’ y donde el estado del bienestar es la piedra filosofal. Sin embargo, también los ciudadanos seremos responsables de lo que hemos votado y a quien hemos elegido para gobernar en tiempos de recesión económica.

 

Después de unas cuantas campañas electorales a mis espaldas de humilde periodista, cada vez soy más escéptico, sigo creyendo en las personas, pero no en los alardes y el tacticismo que el marketing político nos intenta vender como si fuéramos paletos y tontos. He escuchado en algunos mítines tales barbaridades, disfrazadas de promesas electorales, que ya casi nada me sorprende, aunque con toda seguridad todavía quedaré boquiabierto ante alguna genialidad parida en las próximas semanas.

 

Los políticos en general no son peores -ni mejores- que ningún otro colectivo profesional, son el simple reflejo de la sociedad en la que vivimos, igual que los periodistas, los fontaneros, los profesores o los votantes, los hay de todo tipo de pelaje. Lo fácil es decir que malos y pérfidos son, lo complejo es elegir con criterio propio al acudir a las urnas, sólo ellos a través de una buena gestión son capaces de mejorar la vida del personal. Y viceversa. Como dijo el gran Quino, en boca de la genial Mafalda: “Lo peor es que el empeoramiento empieza a empeorar”.

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