Las 17 navidades más atípicas de la historia reciente
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Pedro Santa Brígida
Periodista

Las 17 navidades más atípicas de la historia reciente

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El blog del periodista Pedro Santa Brígida en TRIBUNA

Me contaba un amigo, hace ya algún tiempo, que él lo único que pretendía en la vida era ser diferente. Yo le decía, por aquel entonces, que no hay dos seres humanos iguales, que todos somos distintos, bla, bla, bla…

 

Mi país, España, me recuerda de alguna manera a aquel amigo. Nos hemos repartido el territorio en 17 comunidades autónomas, cada vez más en 17 modelos diferentes de entender la vida. Y somos incapaces de ponernos de acuerdo, incluso, ante la peor pandemia sanitaria de los últimos cien años, con más de 60.000 fallecidos por el puñetero Covid.

 

Como era de esperar, producto del coronavirus, han llegado las navidades más atípicas de la historia reciente. Seguirán siendo días de toques de queda, cierres perimetrales, cuarentenas, mascarillas y demás, donde cada autonomía ha decidido hacer de su capa un sayo, imponiendo las medidas que les permite la ley ante la incomparecencia del Gobierno de todos, el que tiene la obligación de liderar las decisiones y aunar los criterios.

 

Somos tan particulares los diferentes tipos de españoles de este siglo XXI que las reuniones familiares podrán ser en estas fechas, según el lugar geográfico en el que te encuentres, de diez o de seis personas, con o sin allegados, de una, dos o más unidades familiares de convivientes, con o sin justificantes oficiales para poder viajar, de restricciones a la carta… Pura esquizofrenia, digo.

 

Hablando de allegados, ¿quién ha dicho que un familiar tiene que ser, necesariamente, más querido que un allegado? ¿Qué hace en estas fechas alguien sin familia o que la tenga en otro continente? ¿Hay más filin con un novio/a o con un cuñado? ¿Hay que estar casado para desear compartir mesa y mantel navideño con la pareja? Creo que los dirigentes de algunos territorios, incluido el mío, se equivocan en cuestión de allegados.

 

No es discutible que se deben tomar decisiones para evitar los contagios y reducir los viajes, que hay que extremar las medidas de prevención, de higiene, de seguridad, de distanciamiento social, pero no hubiera sido más lógico, más sensato, más racional, más eficaz haberlo hecho de la misma manera en los 17 reinos de taifas en los que nos hemos convertido. ¿Por qué somos así?

 

Los 17 modelos navideños que han pergeñado las respectivas autoridades demuestran, una vez más, que localismos, regionalismos, nacionalismos y -como no- independentismos patrios están haciendo de España el ‘camarote de los hermanos Marx’. El Estado central, ese que debería velar por la igualdad de todos los ciudadanos, con independencia del lugar donde cuelgues el sombrero, no ejerce más que pensando en el marketing político.

 

Menos mal que, en general, los ciudadanos de este país están muy por encima de su clase dirigente y sabrán estar a la altura de las circunstancias, tanto en estas fechas navideñas como en el resto del año. La movilidad puede generar contagios, pero más aún lo hace el incumplimiento de las mínimas medidas de higiene y seguridad con las que convivimos hace diez meses.

 

Volviendo al inicio, coincidiendo con mi viejo amigo, ser diferente no es ni bueno ni malo en sí, tampoco se trata de ser en todos los aspectos uniformes cual rebaño. En la diversidad está la gracia, menos para los derechos, obligaciones y libertades, ahí todos somos iguales. O deberíamos serlo. Y la sanidad Covid y sus repercusiones navideñas tendrían que ser idénticas al norte, sur, este y oeste de este viejo país aún llamado España. No es el caso. Feliz Navidad.

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