La universidad ya no es lo que era
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Menudo Panorama

Pedro Santa Brígida
Periodista

La universidad ya no es lo que era

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La principal preocupación de los ciudadanos hoy en día es el Covid y sus consecuencias sanitarias y económicas, aunque quienes no tienen trabajo o no llegan a final de mes manejan otros desasosiegos más perentorios. Mientras en España esperamos la segunda sentencia del confinamiento total (sic) y en EEUU se desvela el resultado de las elecciones, hoy me voy a permitir algunas reflexiones sobre otros aspectos cotidianos de la vida, como es el caso de la universidad.

 

Entretenidos estos días con el espectáculo mediático del desenlace del duelo Trump-Biden, republicanos-demócratas, cuando parece que todos participamos de lo que ocurre en Wisconsin o Pensilvania, la vida real nos demuestra a diario que, en general, las personas, las familias, la gente está preocupada por asuntos más mundanos, intenta salir adelante como mejor puede, en demasiados casos simplemente sobrevivir.

 

No se puede generalizar, pero en las últimas fechas se han producido un par acontecimientos relacionados con universidades públicas españolas que creo merecen un mínimo de atención. La Universidad de Barcelona (UB) ha sido condenada por la justicia por el manifiesto de rechazo a la sentencia del proces del 1-O que emitió en su día. El fallo recuerda al rector y a sus vicerrectores que la universidad debe ser una institución neutra, aunque quienes la componen pueden expresar públicamente sus opiniones a título personal. No hay que olvidar que el manifiesto de la UB llegó a los tribunales porque un grupo de profesores y alumnos denunció los hechos, cosa que no ocurrió en el resto de las universidades catalanas, que también firmaron el citado manifiesto.

 

También la Universidad Complutense de Madrid (UCM) ha estado estos días en el disparadero de medios de comunicación y redes sociales por haber fichado a Begoña Gómez, esposa del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, para dirigir una cátedra sobre “Transformación social y competitiva”. El debate se sustenta en que la presidenta consorte no posee título universitario oficial alguno, no es licenciada, ni ha estudiado un master o similar. La señora Gómez realizó algunos estudios de marketing y negocios no oficiales en academias privadas.

 

No me sorprende ninguna de las dos cuestiones comentadas. La universidad, como cualquier organización formada por personas, siempre ha tenido sus provechos particulares, sin embargo en las últimas décadas los vicios se han multiplicado, los intereses políticos han desembarcado en los campus de manera soez y los chanchullos económicos se han disparado (como ejemplo, el escándalo de los masters de la Universidad Rey Juan Carlos).

 

Por citar el maldito parné, la UCM tienen un presupuesto anual de 566 millones de euros, la Universidad de Valladolid 213 millones. Un montón de dinero tramitado por equipos rectorales que no son especialistas en gestión de organizaciones de tal magnitud. La gobernanza de las universidades españolas es una asignatura pendiente de resolver (las universidades norteamericanas, que gozan de un gran prestigio internacional, son dirigidas por ejecutivos fichados para gestionar las cuestiones económicas, mejorar el rendimiento de los gastos de la organización, los recursos humanos, el marketing, etc.).

 

Los referidos casos de Barcelona y Madrid dejan entrever la resbaladiza relación entre el poder político y las universidades públicas, cuya dependencia económica de los gobiernos autonómicos resulta, al menos, preocupante. La universidad deber preservar su independencia, alejarse de ideologías y centrarse en potenciar al máximo la docencia y en la investigación. Y no estaría de más que, acercándose al modelo anglosajón, fueran capaces de captar mayores cotas de financiación privada.

 

Históricamente, la universidad siempre ha estado a la vanguardia de las ideas, el pensamiento, la ciencia y el progreso, pero en las últimas décadas ha dejado de ser así. Quizá sea la falta de financiación, quizá sea la endogamia interna que cercena las posibilidades de alcanzar logros universales, quizá el arcaico sistema de gobernanza, en cualquier caso, a mi juicio, es necesaria una pequeña gran revolución en la denominada enseñanza superior.

 

En la universidad española hay mucho talento, profesores e investigadores de gran nivel, personal de administración y servicios que cree en lo que hace, que necesita menos posados mediáticos y un adecuado reconocimiento social. Es discutible el elevado número de universidades y campus existentes; como en otros asuntos en este país pienso que nos hemos excedido.

 

Las naciones punteras del planeta disponen de un sistema universitario de máximo nivel. En España, salvo excepciones, todavía hay mucho camino por recorrer en este aspecto. Como dijo Nelson Mandela: “La educación es el arma más poderosa que puedes usar para cambiar el mundo”.

Comentarios

Gaudeamus 05/11/2020 15:20 #1
Como docente tengo que decir que no se puede generalizar, pero hay mucho de cierto en lo que usted comenta, la autonomía universitaria está en manos de políticos y de intereses corporativos.

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