La pandemia Covid anula otras malas noticias
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Menudo Panorama

Pedro Santa Brígida
Periodista

La pandemia Covid anula otras malas noticias

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En estos extraños tiempos que corren, la enorme relevancia de la pandemia provocada por el virus Covid 19 se ha convertido en el eje central de nuestras vidas. Todo gira en torno a la enfermedad y sus terribles consecuencias, parece que no hay nada más allá del coronavirus, los contagios, las mascarillas, las PCR, las vacunas, las cuarentenas, los toques de queda, las restricciones, las hospitalizaciones o las muertes.

 

Y no es así. Cada persona, cada familia tiene otras muchas preocupaciones, las de siempre, las cotidianas, ahora escondidas detrás de un puñetero bicho que ha cambiado nuestras vidas -me temo- que para siempre. Nos contaron que la vacuna acabaría con esta odiosa situación, pero últimamente nos advierten los expertos en inmunología de que seguramente habrá que seguir vacunándose en los próximos años ante las futuras mutaciones del SARS-CoV-2 y/o de otros nuevos virus que se prevé puedan aparecer.

 

Leer un periódico, escuchar los informativos de radio y ver los telediarios se ha convertido en una auténtica proeza mental. Las malas noticias se suceden, la pandemia ocupa extensísimos espacios, el resto de los hechos que ocurren en el mundo pasan casi de refilón. El desgaste mental de la ciudadanía está en límites no conocidos, los piscólogos trabajan a destajo. Menos mal que el deporte y otros hábitos humanos -como el ocio, la cultura, por ejemplo- siguen cumpliendo con su labor de sanar cuerpos y mentes.

 

El 4 de febrero es el Día Mundial contra el Cáncer y como suele ser habitual la Sociedad Española de Oncología publica en estas fechas su informe anual, en esta ocasión con un titular muy destacado: el pasado año se dejaron de diagnosticar el 21 por ciento de los nuevos casos de cáncer. Las consecuencias de este retraso serán devastadoras para miles de españoles.

 

Los oncólogos relejan en este informe que cada año se diagnostican más de 270.000 túmores cancerígenos en España y el hecho de que más del 20 por ciento de los enfermos no lo sepan a tiempo supone un riesgo extremo. La vida está en juego debido a las enfermedades de toda la vida, sin embargo, a causa de la emergencia sanitaria, las UCI están ocupadas en un 80 por ciento por los enfermos más graves de coronavirus. Los sanitarios están agotados, mientras una gran parte de nuestros políticos -que no todos- siguen a lo suyo, impertérritos, haciendo de la ideología extrema la piedra filosofal que cambiará el mundo y hará feliz al pueblo. 

 

Las habituales estadísticas mensuales del paro también quedan relegadas a un segundo plano en la conciencia colectiva, con la trascendencia que supone el desempleo para alrededor de 4 millones de españoles (sin contar los cientos de miles que todavía permanecen en el congelador de los ERTE). Las cifras son espeluznantes y la cosa parece que va a peor. Pero es un tema secundario...

 

Asuntos como el cambio climático, la despoblación, los homicidios, la pobreza, etc. han sido devorados por el Covid. La pandemia es de tal calibre a nivel mundial, que todo lo demás es relativo, excepto el hambre, la salud y la miseria, que a quienes las sufren es más que probable que la pandemia les importe un bledo.

 

Lo peor es que hay que seguir viviendo semi confinados -al menos- por algún tiempo más, intentando superar este oscuro período de una plaga de proporciones cuasi bíblicas. No hay otro remedio, aguantar, intentar no contagiarse ni contagiar a otros (salvo en el caso de los descerebrados), que no te pille el 'torovirus', esperar a la vacuna, sonreir en la medida de lo posible y hacer llevadero el día a día.

 

La pandemia Covid está poniendo a prueba a una sociedad en general acostumbrada al bienestar (en los países desarrollados). Y a pesar de todos los pesares, el personal que no está en el hospital sigue queriendo disfrutar, reirse... Qué remedio.

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