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Menudo Panorama

Pedro Santa Brígida
Periodista

La experiencia de compartir la vida con un perro

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Se estima que en todo el mundo hay más de 500 millones de perros (más de cuatrocientas razas), alrededor de 75 millones en Europa, más de 5 millones en España, unos 36.000 en la provincia de Valladolid.

Hay personas que tienen auténtico pánico a los perros, fobias, que no soportan sentirlos cerca, que no les gustan o, simplemente, que tienen otros intereses vitales. Pero también hay quienes los adoran, los necesitan o con ellos han descubierto otra forma de vivir e, incluso, hasta de entender la familia. Cada uno es como es.

 

Se dice que los humanos llevan más de 10.000 años domesticando y trabajando con perros, del lobo gris, raza de la que al parecer descienden inicialmente todas las razas que conocemos hoy en día, creadas a partir de cruces endogámicos. En un principio, los canes eran utilizados como gregarios para cazar y vigilar el ganado o el territorio, a cambio de comida y agua. En la Edad Media los perros llegaron a ser símbolo de un estado social, incluso de prestigio. Hoy en día, la relación entre humanos y cánidos se ha convertido en un paradigma digno de estudio.

 

Aunque no hay una estadística oficial concreta, se estima que en todo el mundo hay más de 500 millones de perros (más de cuatrocientas razas), alrededor de 75 millones en Europa, más de 5 millones en España, unos 36.000 en la provincia de Valladolid. La estadística estatal dice que en nuestro país 4 de cada 10 familias tienen algún tipo de animal de compañía, mayoritariamente sabuesos peludos de cuatro patas.

 

No es discutible que los perros realizan labores muy importantes para la sociedad: guía de personas ciegas, especialistas en localizar personas bajo escombros en las catástrofes naturales, en las guerras o extraviadas, expertos en localizar drogas, explosivos o billetes de dinero, expertos en detectar ataques de diabetes, infartos o epilepsia, etc. Las terapias caninas están de moda en tratamientos con personas con distintos tipos de discapacidades psíquicas y físicas, alzhéimer, cáncer infantil o adulto y otras, incluso hay hospitales que ya cuentan con perros casi en nómina por realizar una reconocida labor terapéutica diaria. No hay chuchos malos, hay dueños que no saben y/o no quieren educarlos.

 

Quizá la tarea más requerida de los perros en las últimas décadas es la de hacer compañía a hombres, mujeres, mayores y niños que lo necesitan en este mundo de tanta comunicación tecnológica y, paradójicamente, tanta soledad. Y menuda labor que realizan, sólo hay que escuchar los comentarios que expresan quienes tienen un sabueso a su lado; en realidad, sólo hay que fijarse en cómo actúan, no sólo de cachorros, que es cuando se ganan a casi todo el mundo.

 

Por desgracia, hay mucho delincuente que maltrata a los perros, que trafica con ellos sin garantías sanitarias, que no les atienden convenientemente, que los abandonan, que los matan… El pasado año, sólo en la provincia de Valladolid se abandonaron unos 400 perros (gracias a una legislación más dura ya no son habituales las imágenes de galgos atados por el cuello a árboles o tirados a pozos abandonados). De pequeño conocí casos de camadas enteras de cachorros metidos en un saco, que luego acababa en el río…

 

Desde niño me gustan los perros, pero casi nunca tuve trato cercano con ninguno y de mayor tampoco tuve intención de meter uno en mi casa. Sin embargo -cosas de la vida- acabé con uno en mi hogar debido a la insistencia tenaz de la familia, particularmente de mis hijos. Me negué durante años porque sé que se trata de una gran responsabilidad, de mucho tiempo y trabajo, de las inconveniencias propias de enfermedades, suciedad, horarios, vacaciones, etc., sin olvidar los gastos económicos.

 

Hace un año que nuestro perro se fue después de una larga vida, se murió de viejo, sin dar guerra, como no la dio mientras vivía. Ahora le echamos de menos y probablemente nunca más tengamos otro, al menos yo (nunca se sabe porque todavía estamos de duelo). La experiencia vivida mereció del todo la pena. Al margen de mis progenitores, jamás he conocido a ningún ser vivo que me haya entregado tanto sin pedir a cambio nada más que comida, agua y los paseos diarios. No hay más lealtad, cariño y compañía sin pretensiones. Ayudan, con los largos paseos, hasta a combatir el colesterol cuando se van cumpliendo unos años. Y no he conocido nada más sano y positivo para educar hijos.

 

En alguna ocasión, aunque me parece osado, he recomendado la aventura de compartir la vida con uno de estos animales de compañía que tanto me gustan. Las circunstancias personales de cada cual determinan este tipo de situaciones. Contar con amigos de verdad es complejo y si, además, son compañeros que te entienden siempre, es para nota. Sin ánimo de exagerar y citando al jesuita, paleontólogo y filósofo francés Pierre Teihard, “el perro sabe, pero no sabe qué sabe”.