En educación ¿estamos a setas o a rolex?
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Pedro Santa Brígida
Periodista

En educación ¿estamos a setas o a rolex?

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El blog de Pedro Santa Brígida en Tribuna de Valladolid.

Hace meses que una joven española de 16 años, Marta Borrell, saltó a la palestra mediática por haber sido invitada a intervenir en la ONU con motivo del Día Internacional de la Educación. Habla en público o ante una cámara con una naturalidad inusitada y con la sinceridad propia de su edad. Si se llamara Greta Thunberg, los medios de comunicación españoles la prestarían la atención que se merece.

 

Marta Borrell es una adolescente sevillana concienciada con uno de los principales retos globales, que la educación llegue en condiciones a los niños más desfavorecidos del planeta. Sus padres la han ayudado a visitar escuelas perdidas en África y a promover un documental que denuncia la injusticia del desigual acceso a la enseñanza en los países más necesitados, ‘Una luz en la oscuridad’.

 

Salvando las distancias con lo dicho, resulta ingenuo pensar o creer que la educación sea una de las prioridades del Gobierno de España. Lo es la sanidad porque no hay más remedio con la que está cayendo con el Covid. Salvo en los pasados discursos y mítines electorales, socialistas y comunistas están más atareados con los asuntos que verdaderamente preocupan a los ciudadanos: la Constitución del 78, la Monarquía, el Consejo General del Poder Judicial o Franco.

 

Acaba de hacerse público el último Informe TIMSS (Trends in International Mathematics and Science Study), en el que se analiza el conocimiento de los alumnos de cuarto de Primaria en matemáticas y ciencias. Los titulares podrían resumirse en que España ocupa el puesto 37 entre 58 países y que estamos peor que la media de la Unión Europea y que la media de la OCDE. Para nota, nunca mejor dicho.

 

En matemáticas la enseñanza española está al nivel de Eslovaquia y Serbia y en cuanto a ciencias nuestro ranking es como el de Italia o Chipre. Lo más alarmante de todo es que el nivel de conocimientos de nuestros escolares ha descendido desde 2011 hasta ahora… El consuelo lo podemos buscar en una conocida leyenda urbana, “pero aquí tenemos mucha imaginación para salir adelante”.

 

Hace apenas dos semanas el Congreso de los Diputados aprobó por un solo voto de margen la conocida como Ley Celaá, la octava ley de educación sin consenso con la oposición en España en cuarenta años. Lo más penoso de esta nueva norma orgánica es que no aporta soluciones a los principales problemas del proceso de enseñanza y aprendizaje de la enseñanza obligatoria, no propone mejoras objetivas respecto a la situación de los docentes o de los centros educativos, pretende asfixiar a la concertada y a la educación especial, opta por reducir el fracaso escolar a través de la posibilidad de superar los cursos con suspensos y se ocupa -de forma grotesca- de que la enseñanza del español quede al albur de intereses políticos.

 

En Castilla y León nos puede aliviar que en los citados ámbitos de conocimiento somos los primeros entre todas las comunidades autónomas. Como ocurre con el Informe Pisa, en esta parte del territorio patrio se demuestra que la educación obligatoria funciona algo mejor que en otros lugares que habitualmente ocupan más espacio en los periódicos y en los telediarios nacionales por cuestiones, por supuesto, más importantes. Con todos sus peros, la educación en Castilla y León progresa, al menos, adecuadamente.

 

Dicen los expertos que las profesiones más reconocidas -y pagadas- del futuro serán las relacionadas con las matemáticas y las ciencias. Si así fuera, que tiene toda la pinta, nuestros jóvenes dispondrán de menos oportunidades que otros mejor formados en un mundo cada día más globalizado. Mientras tanto, como ironiza un conocido chiste de vascos, aquí discutimos si ¿estamos a setas o a rolex?

 

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