Se ruega silencio
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Los lunes al sol

El Viudo
Blog de actualidad

Se ruega silencio

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El blog de Los lunes al sol.

No tiene solución, lo tengo asumido, pero al menos escribirlo me libera tanto agotamiento.

 

Durante la pandemia la hostelería se ha ido quejando de los cierres, los toque de queda, la falta de espacio para las terrazas y la falta de previsión en anunciar las medidas sanitarias.

 

Han invertido en epis, limpieza, desinfectantes, mamparas, equipos de ozono y todo lo que ha sido necesario para cubrir con las premisas solicitadas.

 

Han tenido que meter en ertes a sus trabajadores, cerrar las verjas y esperar en sus casas a que pasase el temporal. Me adhiero a sus reivindicaciones y a su situación crítica.

 

Pero qué oportunidad han perdido desde la Asociación de Hostelería para aprovechar esos cierres forzosos para reunirles en un espacioso salón a los dueños y trabajadores de los bares y restaurantes o hacer un gran encuentro virtual, para reflexionar de una vez por todas que a sus clientes lo que más les gusta cuando van a sus establecimientos es tener paz, sosiego y silencio.

 

No quiero códigos QR para conocer sus menús, sus especialidades y su carta de vinos.
No quiero zonas wifi para conectarme a las redes.
No me importa consumir en la terraza, o en la barra o mantener dos metros de distancia
con el cliente más cercano.
No me importa fumar de pie o incluso no fumar a seis metros a la redonda.
No me importa no poder ir más de seis por mesa o tener que separarme doscientos metros…

 

Sería imposible explicarles a los empleados de la hostelería que el valor más apreciado en sus
espacios es el SILENCIO o lo que viene a traducirse como falta de RUIDO.

 

Tan difícil es hacerles entender que es mejor que se acerquen a un metro y te pregunten que deseas beber o comer, que lo tienen que hacer desde cinco metros.

 

Tan difícil es entender que a las ocho de la mañana en el primer café es de mala educación que estén comentando en voz alta y sin pudor las noticias de la televisión, que está en volumen alto.

 

Tan difícil es entender que a mi no me importa si ayer estuvo mi jefe comiendo con otras tres personas y se fueron tarde.

 

Tan difícil es entender que me digan el importe de mi cuenta a un metro de mí y no se tenga que enterar toda la barra de si he comido el menú del día o me he dado un capricho con una botella de reserva.

 

Tan difícil  es entender que hay otras formas de guardar la vajilla sin tener que soportar el ruido de plato contra plato y platillo contra platillo.

 

Seguro que no son todos los establecimientos, como tampoco son todos los políticos corruptos, ni todos los funcionarios lentos, ni todos los actores comunistas…

 

Pero por la falta de profesionalidad de unos pagan otros y cada vez es más difícil encontrar espacios donde el respeto sea la máxima y el silencio la mejor compañía.

 

Ellos son los que provocan que se hable tan alto y se compartan todas las conversaciones.

 

Espero que a la vuelta de vacaciones, no me cuenten las veces que ha comido mi jefe ni con quien, ni que comieron, que la confianza no es eso, ni la cercanía, ni la complicidad, eso es falta de discrección.

 

Y voy a rezar estos días para que alguien les ilumine y al regreso se les haya estropeado la televisión y tengan una cadena musical de fondo que a las ocho de la mañana con el primer café, el cerebro pide un poco de SILENCIO.

 

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