Agapito Marazuela
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Los lunes al sol

El Viudo
Blog de actualidad

Agapito Marazuela

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Pido públicamente perdón a su familia, amigos, seguidores y estudiosos del folclore de nuestra región.

Por distintos motivos que no vienen al caso, pero vamos que principalmente por trabajo y vacaciones, creo objetivamente que conozco todas las regiones de España y me ha tocado compartir celebraciones y festejos en la mayoría de ellas.


La sardana es aburridísima, solo para ellos. El Chotis un rollo en un metro cuadrado. El flamenco, sepas o no bailar o cantar, anima y estremece en su sentimiento. Y así podemos ir Comunidad por Comunidad, cada una con su estilo, sus costumbres y su historia arraigada detrás. Todo aceptable desde la palabra mágica: RESPETO.

 

Pero a mí la dulzaina se me mete en el oído y me provoca una desazón, un nerviosismo, una inquietud interna que no puedo soportar y me cambia el carácter y el temperamento. Ahora me toca por mi trabajo empezar la ruta por los pueblos de la provincia y la región.

 

He tenido suerte y ninguna de las dos dosis me ha dado reacción alguna. Sólo una leve hinchazón en un brazo un día y nada más. No he necesitado ni paracetamol, ni ibuprofeno, ni dormir más de la cuenta ni relajar las piernas. Para mí lo verdaderamente duro empieza ya. Vamos que ha empezado ya. En cada pueblo, en cada rincón en el que se celebra algo, se saca a una virgen, a un santo, se sube a una ermita o se visita a doncellas adolescentes, hay un grupo de músicos que con tambor y una dulzaina tienen la virtud de amargarme la jornada.


Deseo que solo me pase a mí y sea como una cuestión de gustos, cómo el lector que lee de todo menos poesía, que no le atrae, y el espectador de cine que ve de todo en una butaca menos las películas de terror. Pero no he conocido a nadie que por leer tres estrofas o ver el tráiler de una película de miedo tenga taquicardias y tembleque de piernas y eso que yo hago lo imposible pero no tengo cura.


En cuanto veo que el joven de turno del pueblo, coge el instrumento y en esa pequeña entradilla mete con toda la fuerza de sus pulmones el aire y coloca sus dedos en los agujeros seleccionados, me entra un picor en los pliegues cutáneos de brazo y piernas y un sudor entre los dedos que me tengo que marchar al bar o teleclub más cercano y tomarme un vaso de agua con la medicina que tenga en la mochila.


Es mi tara y en este blog me desahogo ya que si fuera algo que ocurriese a más gente poco a poco esa música tradicional hubiera ido con el paso del tiempo desapareciendo, se hubiera perdido en estas últimas generaciones y no ha sido así.

 

Al contrario, hay escuelas por toda la región que animan a los más jóvenes a aprender al tocar el instrumento, para no perder las tradiciones e incluso han aparecidos virtuosos que tienen hasta programas y entrevistas en televisión y radio y páginas centrales en especiales dominicales.

 

Por favor soy un enfermo y necesito ayuda, como esos pobres que tienen algún síntoma  o síndrome que se dice:  “solo uno de cada cien mil habitantes tiene este mal”. Pido a las farmacéuticas que me estudien y analicen, me dejo investigar y tratar a conciencia, sacar sangre, revisión por psiquiatras, lo que sea, pero necesito una cura, que un día me voy a ir en una plaza de pueblo contra el joven o mayor que porte una dulzaina y no sé lo que haré.


No seré consciente y mientras tanto desde aquí envío un abrazo sincero esté donde esté al músico, estudioso y folclorista, pero digo yo que al hombre le podía haber dado por el estudio de los minerales, ahí lo dejo…
 

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