El poder de decisión

El%20poder%20de%20decisi%c3%b3n detail

"Los juicios de Salem", obra de teatro de Arthur Miller que representa la caza de brujas que en 1692 se produjo en la pequeña aldea de Salem, donde si te salías un ápice de ser considerado como normal, te llevaban a la horca. Lejos de historias de brujas, la persecución que él mismo sufrió le llevó a tomar la decisión de crear esta obra maestra. Seguramente nosotros nunca lleguemos a ser perseguidos como él pero, si lo decidimos de la misma forma, también podremos crear nuestra propia "obra maestra".

Para algunas personas tomar una decisión es tan fácil como ver la televisión. Solo tienen que apretar un botón y sentarse a ver cómo pasan las imágenes. Desgraciadamente para la mayoría esto no ocurre así. El miedo a tomar una mala decisión puede ser tan crítico que prefieren no encender el televisor, apagando así cualquier posibilidad de logro.

 

Una sola decisión puede tener suficiente potencia como para cambiarlo todo en nuestras vidas. Y sucede que a menudo los momentos en los que pudimos dar un giro a los acontecimientos pasaron ante nuestros ojos tan inadvertidos que muchos de nosotros ni siquiera los reconocimos. ¿Si en este mismo instante pudiésemos cambiar algo que nos hace padecer en silencio o que podría impulsar nuestras relaciones de pareja, o nuestro negocio, no es cierto que lo haríamos sin apenas dudar?, ¿de qué depende tomar una decisión como esa? Tomar una decisión de cambio conlleva beber del mismo elixir que ha contribuido a crear los momentos más significativos y gratificantes en nuestra vida: nuestra creencia de que sea lo que sea que nos hayamos propuesto, podremos conseguirlo.

 

Tan solo creer que podemos lograr algo, equivale a empezar a tenerlo.

 

Nuestra capacidad para producir resultados que nos empujen en la dirección de aquello en lo que hemos decidido creer es tan asombrosa, que podemos sentirnos abrumados por los rápidos avances. Basta de un momento, de una decisión, para que en un solo instante volvamos favorables las situaciones donde hasta ahora nuestras emociones de inseguridad, miedo o ansiedad controlaban nuestro comportamiento. Comprendamos ahora qué factores determinan las decisiones que tomamos a cada instante y que dictaminan nuestro futuro tanto a largo como a corto plazo:

 

1. Valores.

Por valores no es tanto seguir a conciencia los siete valores humanos más importantes, sino orientar nuestras acciones hacia aquello que tiene un significado importante para nosotros. Sucede a menudo que no sabemos distinguir entre lo que nosotros valoramos y lo que nos han enseñado a valorar. Muchos de nosotros vivimos en una eterna duda acerca de si aquello que valoramos es lo que realmente queremos conseguir, y al no haber una conexión profunda, pasamos de estar exaltados por comenzar algo a sabotear cualquier avance por sentirnos desligados del objetivo. Si no realizamos un examen profundo de nuestros valores y después los expresamos en cada acción que tomemos, podemos vernos defraudados una y otra vez.

 

2. Creencias.

Las creencias controlan nuestros resultados porque nadie toma la decisión de actuar hacia algo que no cree posible lograr. Cual sea nuestra fuerza de creencia hacia algo, así de fuerte será nuestra respuesta. Y esto puede ser peligroso. Si decidimos creer que nada de lo que hagamos servirá para cambiar una situación, ¿no es cierto que terminaremos por tomar la decisión de no actuar y dejar que las cosas sucedan como las quiera el destino? Por contra, si creemos que sean cuales sean las circunstancias podremos actuar para cambiarlas, ¿cuánto tardaremos en actuar y desviar el curso de los acontecimientos? Nuestras decisiones son siempre la consecuencia de nuestras creencias. Lo mejor que podemos hacer es examinar el tipo de creencias positivas y negativas que poseemos y evaluar su contribución a nuestra calidad de vida. Si lo hacemos, encontraremos que hemos estado sosteniendo creencias negativas sin razonamiento alguno. Si hemos creído no ser capaces de salir de una situación determinada, podemos preguntarnos, ¿por qué he creído imposible salir de aquí?, ¿acaso es tan difícil?, ¿qué otras situaciones difíciles he experimentado y finalmente he superdado?, ¿y si no he vivido nunca esto, cómo lo han superado otras personas que sí lo han vivido? La respuesta que nos lleva a una creencia más poderosa ante esta pregunta es esta: si ellos pudieron, yo también.

 

3. Asociaciones.

Hay muchas personas con talento. Quien conoce su verdadera pasión y posee talento para ello, puede alcanzar el éxito en su vida. Todos conocemos personas así, sin embargo, observamos continuamente como pocas son las que llevan su pasión y su talento lo más lejos posible. ¿Por qué ocurre? Esto es debido a sus asociaciones negativas a la hora de tomar la decisión. Asocian dolor al cambio, pues no saben si lo que vendrá puede ser peor de lo que tienen. Asocian dolor al éxito, ya que el éxito genera soledad, envidia y detractores. Sobre todo, asocian dolor al fracaso. El temor a fracasar hace que las personas vinculen un excesivo sufrimiento a emprender una determinada acción, lo que condiciona sus decisiones acerca de lo que están dispuestos a hacer. Sin duda alguna, nuestras experiencias en la vida han dictaminado nuestra forma de sentir y de actuar en cada circunstancia, de modo que si siempre hemos sufrido ante una situación concreta, adscribimos mucho dolor a volverla a experimentar en el futuro, lo que hace que nos apartemos de ella. Si nos da miedo destacar en algún aspecto de nuestra vida por haber sentido abandono o rechazo de algunas personas a las que consideramos amigos, ¿por qué seguir brillando si antes o después nos quedaremos solos? La solución consiste entonces en enfocarnos hacia aquello que mejora la calidad de nuestras vidas, y después confiar en que, si seguimos ese camino, acabaremos relacionándonos con personas afines a nosotros que nos empujarán a brillar aún más si cabe.

En cuanto asociemos placer a esto, nuestras decisiones acerca de qué hacer en cada situación serán implacables.

 

4. Experiencias.

El buen juicio lo aprendemos de la experiencia, y parte de la experiencia la obtenemos del mal juicio. Debemos tomar más decisiones si queremos aprender a tomar mejores decisiones. La habilidad para dominar cualquier aspecto de nuestra vida se consigue con la repetición. Cuantas más decisiones tomemos y más nos comprometamos a llegar hasta el final, más experiencia obtendremos para tomar mejores decisiones en el futuro. La clave no está en pasar de cero a cien en un segundo, sino  ir progresivamente subiendo el nivel. Es como el que quiere aprender a nadar. No se tira a una piscina de tres metros de golpe esperando a ver qué pasa, sino que comienza en piscinas menos profundas cogiendo confianza y pericia.

 

El escritor Rudyard Kipling decía que en la vida nos encontramos con dos clases de personas: las que salen a viajar y las que se quedan en casa. Está en nuestras manos tomar las decisiones que conviertan nuestras vidas en un viaje apasionante, lleno de aventuras y experiencias enriquecedoras. Convirtiendo la duda en posibilidad y el miedo en confianza. No esperemos más para aprovechar el poco tiempo que se nos ha concedido para estar vivos.

Comentarios

Roberto Serna 08/11/2018 12:07 #2
Como siempre gracias a ti Gonzalo! En ese sentido puedo decirte que solo debes tomar una decisión consciente de no tolerar sentirte así bajo cualquier situación nunca más, y después actuar en esa dirección. La edad no tiene nada que ver con eso! Respecto a lo que viven esos jóvenes, habría que matizar bien cada situación y entender los motivos que les impiden actuar con determinación. Todos nos hemos visto en esa situación alguna vez. Gracias una vez más y un abrazo Gonzalo!
Gonzalo José 07/11/2018 20:45 #1
A mí me gusta mucho analizarme, supongo que nos pasa a todos. Y veo que todo lo que dices en este artículo me sucede a mí. Ante una situación especial, y a veces no tan especial, siento: inseguridad, miedo, ansiedad..qué más quisiera yo que no fuera así, será porque me estoy haciendo mayor...no lo sé.Creo que antes era más decidido, que lo era. Pero, sabes qué?? Que analizo también a los jóvenes que tengo a mi alrededor, y lógicamente, hay de todo; pero predominan los poco decididos, los que le dan cien vueltas a las cosas, los que hay que darles un empujoncito, o dos o tres!! para que se decidan. Y pienso que qué bien les haría leer este artículo y grabarlo en su cabeza, tendrían más de medio camino recorrido. Puesto que "dejarlo para mañana" es posible que sea un poco tarde...gracias Roberto, una vez más.

Deja tu comentario

Si lo deseas puedes dejar un comentario: