El desinterés activo

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Con frecuencia distorsionamos nuestra imagen frente a los demás. La realidad que no mostramos entonces se halla oculta bajo un estereotipo que no se corresponde con nuestra verdadera identidad. Sin darnos cuenta, nos convertimos en impostores. Incluso aquellas personas que gozan de confianza, éxito y popularidad social cometen este error. ¿Nos hemos preguntado por qué?

Somos animales sociales, va en nuestra naturaleza buscar de forma contínua e inconsciente el reconocimiento del grupo. Todo el mundo prefiere ser aplaudido a ser silbado. Incluso esas personas que alegan no necesitar nada ni a nadie serían capaces de soportar el vacío latente que conlleva el rechazo social. Reconozcámoslo, la necesidad de socializar es inherente al ser humano. Aunque nos pasemos décadas culpando a la sociedad de nuestros problemas, la necesitamos para sobrevivir. ¿Cómo podemos odiar a la sociedad en unos aspectos y a la vez buscar su reconocimiento para sentirnos parte de ella? ¿Nos mostramos tal cuál somos o hacemos distinciones según la persona o la situación que afrontemos?

 

La paradoja es que para conseguir ese "éxito social" debemos hasta cierto punto desapegarnos de la opinión del resto del mundo. ¿Cómo puede no importarnos lo que la sociedad opine de nosotros y a la vez buscar su aprobación? En términos básicos, sería no tanto no buscar su aprobación, sino no necesitarla. Es en lo que en dinámicas sociales se conoce como "desinterés activo". Consiste en disponer de una sana autoestima y no caer en el error de buscar la aprobación de otros para obtenerla mientras trabajamos para conseguir lo que queremos. Para ello vamos a distinguir entre deseo y necesidad.

 

Los deseos son opciones personales nuestras, con la ventaja de que obtengamos ese deseo o no, no damos un paso atrás en nuestro bienestar, mientras que las necesidades necesitan ser cubiertas para permanecer en ese bienestar. Si yo deseo hacer deporte para sentirme en forma y verme mejor será un deseo, porque no necesito tener una mejor salud porque ya dispongo de ella, simplemente quiero algo más y en función de lo que busque especificaré cuál deporte y con qué frecuencia lo voy a hacer. En cambio, si necesito hacer deporte porque mi salud está comprometida, quizás porque he tomado algunas malas decisiones y eso me ha llevado a comer demasiado tratando de calmar mi ansiedad, provocándome un aumento del colesterol, no tengo más opción que hacerlo todas las semanas sin importar si me apetece o no, sin importar si estoy solo o acompañado, si llueve o hace un calor extenuante. Hacer deporte ya no es mi elección, es una obligación.

 

Cuanto más necesitemos encandilar a las personas hacia pensamientos que se hallen en consonancia con lo que se supone esperan de nosotros, más renunciaremos a nuestro modo particular de ser y más nos verremos obligados a repetir ese comportamiento en el futuro. Si entre un grupo de amigos hay una persona que por su poder de persuasión y su magnetismo personal provoca en nosotros la creencia de que sería mejor "tenerla cerca", se hace obvio que más que su rechazo buscaremos su aprobación, incluso adoptaremos conductas más permisivas con él que con el resto del grupo por temor a que dicha persona se aleje. Sin embargo, lo más probable es que los resultados que obtengamos con dicha persona no serán los que esperamos. Estaremos lejos de ofrecer nuestra mejor versión y dejaremos a un lado el disfrute que conlleva cualquier interacción social y sin quererlo, nos volveremos dependientes y privaremos entonces a la otra persona de que nos vea tal cual somos. ¿De qué nos sirve entonces transformarnos y abrazar unas consecuencias a la larga perjudiciales? Aunque esto pueda parecer aislado, no lo es. Las conductas estereotipadas se basan en las necesidades para verse alimentadas. Si adoptamos un determinado comportamiento y lo asociamos como adecuado con una persona o grupo determinados, cada vez que nos encontremos en ese grupo modificaremos nuestra conducta de forma inconsciente, atendiendo a la necesidad que nos hemos creado de sentirnos aceptados, acogidos o admirados.

 

¿Cómo salimos de esa necesidad y trabajamos el desinterés activo? Entendiendo que, si ocurra lo que ocurra en cada interacción que tengamos seguimos siendo nosotos mismos, nunca perderemos. El momento en el que nos damos cuenta de que al ser rechazados por haber mostrado nuestra verdadera forma de ser ese rechazo no significa nada; cuando de forma indiferente al entorno en el que nos encontramos no variamos ni un ápice nuestra personalidad, es cuando nos libramos de las esposas de la necesidad cambiando necesidad por deseo. Cuando deseamos movernos con soltura por el mundo pero no necesitamos que nadie nos de su bendición, entonces lo hacemos. Cuando deseamos hacer a cada instante lo que nuestro cuerpo bendiga y no necesitamos que nadie nos de permiso, entonces lo hacemos. Cuando no renunciamos a defender nuestros sueños en un mundo donde impera el negativismo, y no necesitamos más que nuestra propia aceptación, entonces así lo haremos.

 

Únicamente cuando apartamos la necesidad y nos entregamos al deseo, somos libres para actuar.

 

En la imagen vemos a Jay Gatsby (Leonardo Di Caprio), quien organizaba lujosas y espectaculares fiestas para tratar de impresionar y reavivar su romance perdido con Daisy (Carey Mulligan).

Comentarios

Roberto Serna 22/11/2018 15:10 #2
Hola Ana! Claro, entonces lo que nos queda es entender que el éxito es más un proceso que un evento. Es como una profecía que se cumple así misma, una actitud de hábitos. La línea divisoria...cada cual interpreta las cosas desde la perspectiva que ha acostumbrado a llevar. Gracias Ana por tu comentario!
Ana 21/11/2018 13:21 #1
Pues anda que no se necesita tener una cabeza bien, pero que muy bien amueblada para reaccionar así, no sólo ante nosotros mismos, sino ante todas las personas que nos rodean. Pero deberíamos actuar siempre así, no a veces; , que lo hacemos, osea, cuando nos interesa. Pero hay algo más: dónde está la linea divisoria??. Seguro que en distinto lugar para uno mismo que para aquellos que tenemos delante. En esto cada uno vamos a "nuestra bola". Vamos, que lo queremos hacer bien, y si pedimos opiniones, cada cual lo ve de manera distinta. Qué complicados somos.

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