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Ilusionados por la política

Félix de la Fuente

Reacción del Ciudadano Europeo

Estrasburgo europa detail

El blog de Félix de la Fuente en Tribuna.

Hay una película francesa que quizás hayan visto todos ustedes titulada “Los chicos del coro”, una película preciosa que, además de los muchos aspectos positivos que tiene, recurre constantemente al principio de “acción-reacción”.

 

Quiero recordar este principio, porque creo que nos puede ayudar a comprender mejor la situación actual de la UE y, además, porque a los ciudadanos, con respecto a Europa, no nos queda otra posibilidad que la reacción. Y no nos cabe otra posibilidad, porque la acción está en manos de otros, los políticos. Si los ciudadanos queremos hacer algo, estamos obligados a la reacción. Pero no nos equivoquemos. Reaccionar quiere decir actuar ante una situación grave, ante un peligro. Reaccionar no quiere decir ser reaccionario, sino todo lo contrario.  Y en mi caso concreto, mis treinta y cinco últimos años han estado marcados por una reacción frente a mis experiencias sobre la integración europea, una reacción frente a la contradicción entre lo que dicen los tratados de la UE y lo que hacen los políticos europeos, una reacción frente a la contradicción entre lo que debería ser la EU y lo que realmente es.

 

El día 1 de enero de 1986 entraba España, junto con Portugal, en la UE. Dos meses y medio antes, el 15 de octubre de 1985, yo aterricé en Luxemburgo, después de pasar unas oposiciones de funcionario para el Parlamento Europeo. Y el día 16 de octubre, es decir al día siguiente de mi llegada a Luxemburgo, amenacé con volverme a Barcelona. Mi primer contacto con Europa fue un shock. El nivel de democracia interna de las instituciones europeas no sólo estaba a años luz de la democracia alemana, que yo conocía bien por haber vivido 10 años en Alemania, sino que ni siquiera estaba a la altura de nuestra entonces reciente democracia española.  Claro que el volver a Barcelona hubiera indicado que me conformaba con una situación injusta, hubiera significado tirar la toalla, hubiera mostrado que mi mente no tenía capacidad de reacción.  Y allí me quedé contra viento y marea.

 

Pero “no hay mal que por bien no venga”, como dice el refrán español. El puesto que yo había sacado por oposición, lo estaba disfrutando un “enchufado político” (por llamarlo de alguna manera) que ni siquiera había participado en las oposiciones. La corrupción política española se había apresurado ya a las instituciones europeas. Sin embargo, mi nuevo puesto en el Parlamento Europeo resultó ser una fuente extraordinaria de información y de formación, y a los pocos años a mí, que había hecho la carrera de Derecho por la noche, compaginándola con mi trabajo, me publica una editorial de Barcelona un libro de divulgación jurídica sobre la UE.  Y, más aún, esta publicación es traducida al francés unos años después por la principal editorial belga de Derecho. Y así por reacción, me encuentro luchando, casi sin enterarme pero con ilusión, por una Unión Europea de los ciudadanos en contra de una Unión europea de los políticos. 

 

Y ¿por qué les digo a ustedes todo esto? Pues simplemente porque esta noche me encuentro desfasado. No puedo reaccionar contra unas personas que son europeístas convencidos y que, además, están comprometidos con la promoción de los valores europeos. Ustedes son de mi bando. No puedo sacar mis armas. Frente a ustedes estoy desarmado. Por eso, antes de aceptar la invitación, lo estuve pensando mucho si debía decir sí o no.

 

Por otro lado, no estoy acostumbrado a que alguien públicamente me reconozca nada. He dedicado muchas horas defendiendo la necesidad de una Unión Europea y dando a conocer con mis escritos la realidad de la UE de una forma accesible al ciudadano de la calle. Más de cien artículos míos sobre la UE a lo largo de estos últimos cinco años. Todos críticos, pero todos escrito con ilusión, escritos de forma gratuita y sin esperar la menor recompensa. Por eso, ustedes me han roto los esquemas

 

Sin embargo y de verdad, MUCHAS GRACIAS, MUCHÍSIMAS GRACIAS POR ESTE RECONOCIIENTO. Esto me va a dar fuerzas para seguir luchando unos cuantos años más.  

 

¿Qué hago yo aquí entonces, si no necesito convencerles a ustedes de la necesidad de una integración europea y, encima, muchos de ustedes podrán ser mis maestros en este campo? Pues, estoy aquí, porque creo que ha llegado el momento de que todos los europeístas reflexionemos conjuntamente. Ha llegado el momento de los ciudadanos de a pie. El principio de acción-reacción dice también que toda acción tiene una causa.  

 

Si nuestra democracia no avanza y la construcción europea tampoco lo hace. ¿Dónde está la causa?  ¿Podemos seguir culpando a los euroescépticos, cuando hace unos años eran simplemente una pequeña minoría y los partidos europeístas eran una mayoría aplastante? ¿No estaremos echando balones fuera cuando queremos atribuir la responsabilidad a Putin o a Trump?  ¿No deberíamos, más bien, preguntarnos quién se beneficia de que la integración europea no avance? ¿Quién perdería poder y, por tanto, no está interesado en una auténtica Unión política?  Dar una respuesta a estas preguntas es lo que nos puede acercar al fondo de la cuestión.

 

Simplemente, si la UE no avanza es porque hay políticos que no quieren que avance. Vivimos en una región donde se habla mucho de nacionalismo. Pero hay un nacionalismo de Estado del que nadie habla y que es tan antieuropeo y tan peligroso como el nacionalismo regional, y encima más difícil de curar. Un nacionalismo que nos hablan de soberanía nacional como excusa para oponerse al avance de la integración europea. Prescindiendo del hecho de que soberanos son los ciudadanos y no los gobiernos, ¿qué soberanía tienen los gobiernos nacionales europeos en la mayoría de los campos: defensa, medioambiente, economía, fianzas, energía etc.?

 

Es anacrónico que en el sigo XXI todavía sigamos presentando la integración europea en términos de soberanía, como si Bruselas nos quitara la soberanía. “No podemos avanzar más en la integración europea porque España perdería soberanía”. Esta fase la he escuchado de simples ciudadanos que se consideran fervientes defensores de la UE. Nos han metido el nacionalismo nacional hasta en los huesos, porque esto vende y da votos.

 

Los nacionalismos nacionales fomentados por los políticos nacionales son la antítesis de la UE.  Efectivamente cuando más avanza la integración europea, más soberanía pierden los gobiernos. Pero es que esa soberanía que debería pasar a Bruselas, hace ya mucho tiempo que los gobiernos nacionales la han perdido. Esa soberanía está dejada en manos de las grandes compañías internacionales y de las grandes potencias. 

 

Los ciudadanos no perdemos soberanía, con la integración europea, sino que la entregamos a manos de un organismo que podría administrarla mejor.  Nuestros políticos son nuestros apoderados. Los hemos elegido o les hemos entregado el poder para que nos resuelvan los problemas, pero, si no son capaces de resolverlos, su deber y su honradez profesional debería obligarlos a entregar el poder a otro que sea capaz de hacerlo, y este otro es la UE. Pero en la mayoría de los casos, los políticos nacionales son como el perro del hortelano. Prefieren dejar la soberanía de sus ciudadanos en manos de Putin, Trump o China antes que entregarla a la Unión Europea.

Comentarios

Luis Gómez 12/07/2019 11:58 #1
La Cruz Europea de Oro que concede la Fundación de Fomento Europeo es un excelente reconocimiento!!!! Enhorabuena paisano!

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