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Feliz con poco

Félix Martín Santos
@FMSFelizconpoco

Ruta de Valero a la cascada de la Palla: Segunda parte

Realizar cualquiera de las rutas que surcan la Sierra de las Quilamas es una buena estrategia para enriquecer nuestra salud, mientras descubrimos sus notables valores medioambientales y antropológicos, incluidos en la reserva de la Biosfera de Béjar-Francia. Una de ellas es la que discurre entre el pueblo de Valero y la desembocadura del arroyo de la Palla en el río Alagón, antiguo territorio del lince y lobo ibéricos, en cuyo cielo se enseñorean la cigüeña negra, el buitre negro y el abundante buitre Leonado, además de otras aves, por lo que bien se merece su añeja declaración de Zona de Especial Protección de las Aves (ZEPA).

Ahora vamos a continuar narrando esta ruta a partir del punto en el que decidimos concluir la primera parte, tras andar 4.730 metros desde Valero (como referimos en el artículo del mes previo), donde  el camino se bifurca en dos: el de la derecha, que nos conduciría a  Garcibuey y, luego, Sequeros; y el de la izquierda, que es el que seguiremos en pos de la chorrera de la Palla y, más tarde, hasta la desembocadura del arroyo de la Palla en el río Alagón.

 

Huertos, corrales y chozas, testigos del ímprobo y secular esfuerzo de los naturales de Valero

 

Tras progresar un pequeño trecho, Rafa, mi experto guía, vuelve a pararse para señalarme enfrente, en la otra ladera, el huerto y la choza del tío Dimas. ¡Dios! Donde antes se cultivaban, en cuidados bancales, buenas patatas y fréjoles, ahora sólo se ve matorral de jaras y  brezos junto a carrascas y encinas. El abandono es absoluto, pues las últimas generaciones de valeranos han sacado más rendimiento a la apicultura, y espero que lo sigan haciendo, a pesar de la actual crisis apícola, que al trabajo agrícola en estas feroces y agrestes tierras, que sus progenitores convirtieron en feraces y domables por su denodado esfuerzo y permanente sacrificio. ¡Qué gente tan admirable!

 

Ruta de Valero a la cascada de la Palla: Choza del tío Dimas, rodeada de jaras, brezos, retama y carrascas

 

Ahora al estrato arbustivo se suman varias matas de lentisco, al tiempo que se multiplican los pinos, que superan el porte de los del pinar del Robladillo, por disponer de más agua, dada la proximidad al regato de la Ganchera.

 

Lentisco, brezo y pinos junto al regato de la Ganchera

 

Un trecho más y, coincidiendo con los cinco kilómetros de trayecto (4.950 metros), llegamos a un corral destinado inicialmente para refugio de las cabras y, posteriormente, para resguardo de colmenas: el corral del tío Juanela.

 

Rafael Navarro en el umbral del corral del tío Juanela

 

A continuación procedemos a descender entre altas retamas, lentiscos, brezos y jaras, que casi ocultan el sendero, paralelos al regato de la Ganchera. Luego, Rafa me señala el lugar donde estaba el huerto del tío Julián, donde cultivaba patatas, batatas, fréjoles y diversas hortalizas, que se desarrollaban bien, por la fertilidad del terreno, fertilizado por el regato mencionado. Ahora sólo queda como testigo la tapia que delimitaba tal huerto.

 

Pozas de baño en el regato de La Ganchera

 

Más tarde, Rafa me muestra unas pozas en el regato de la Ganchera, donde bañarse resultaba posible y placentero. Encima, culminando la ladera izquierda de este regato, se ve la mole del pico de los Manzanales. Posteriormente, el sendero parece perderse y sólo el buen conocimiento de mi amigo nos permite avanzar con sentido y orientación.

 

Pozas de baño en el regato de la Ganchera

 

Ruta de Valero a la cascada de la Palla: poza del regato de la Ganchera.

 

Cuando llevábamos andado cinco kilómetros y medio, nos paramos en un mirador improvisado al borde del precipicio, para ver nítidamente las mejores pozas, una de las cuales parece una bañera, que Rafa recuerda con nostalgia, por haberse bañado varias veces en compañía de un buen amigo, Primi, y de los hijos de ambos, cuando entonces eran unos niños, ahora, en cambio, ya adultos, no son tan proclives a acompañar a sus padres en excursiones tan entrañables.

 

Seguimos avanzando, con el regato de la Ganchera, abajo, a nuestra izquierda, hasta que Rafa me muestra al fondo y a la derecha, la ladera derecha del valle formado por el recién nacido arroyo de la Palla, donde pueden verse cuatro centenarios castaños, casi secos.

 

Ruta de Valero a la cascada de la Palla: Aproximándonos al regato del Parral, al fondo la ladera derecha del  valle formado por el arroyo de la Palla, que surge de la unión de los regatos del Parral y de la Ganchera.

 

Viejos castaños secos entre una alfombra de encinas y algunos verdes castaños

 

Regatos del Parral y de la Ganchera, padres del arroyo de la Palla

 

A continuación, entramos en un corto pero denso encinar que nos conduce directamente al denominado regato del Parral, rodeado de alisos y sauces, en uno de cuyos puntos los vecinos de Garcibuey efectúan la captación del agua que, tras potabilizarla, cubre las necesidades de la población.

 

Regato del Parral

 

Más tarde, cogemos una curva de 180 grados, a la izquierda y, tras un breve tramo, llegamos al nivel del regato de la Ganchera, que va buscando al del Parral, para fusionarse y originar  el arroyo de la Palla. Nada más cruzarlo entramos en el paraje de Horcajo.

 

Regato de la Ganchera  poco antes de unirse con el del Parral para originar el arroyo de la Palla.

 

Rafa posando junto al regato de la Ganchera, poco antes de unirse con el del Parral y originar el arroyo de la Palla

 

Antes de cruzar el regato de la Ganchera y entrar en el paraje de Horcajo, Rafa evoca antiguas vivencias, como sigue:

 

--- Cuando traíamos las cabras desde Valero hasta aquí, estaban tan cansadas que durante la primavera y el verano era un lugar ideal para reponerse durmiendo la siesta, ellas y nosotros. Y así aguantábamos mejor el sol .

---- ¿Y cuánto duraba la siesta, Rafa?

---- Pues normalmente estábamos desde el mediodía hasta las cuatro de la tarde.

---- Vaya, cuatro horas durmiendo la siesta parecen demasiadas ¿no?

---- No creas, las cabras lo agradecían y nosotros, en este mismo sitio, solíamos juntarnos  con cabreros de Garcibuey que, aprovechando la frescura del regato del Parral, llegaban hasta aquí, zona limítrofe entre nuestros pueblos, y compartíamos chicha y conversación. De esta forma, el tiempo se hacía más corto, daba tiempo para dormir, comer y charlar.

  

Arcanos topónimos, extintas labores agropecuarias, legendaria estirpe de hombres y mujeres 

 

Este amigo mío es una reliquia cultural, atesora vivencias, recuerdos y una cultura primigenia, legada por sus mayores,  que está a punto de extinguirse. Sí, porque ya no se ven rebaños de cabras ramoneando por estas tierras, tampoco se cultivan los huertos de hortalizas y frutales, dado que los autóctonos de estas poblaciones serranas que se mantuvieron en las mismas, en vez de emigrar,  han sustituido las labores agrícolas por la apicultura, como antes apuntaba.

 

Lo que temo es que nadie recuerde estos vernáculos nombres, de valles, laderas, regatos, arroyos y de huertos con nombre propio, el del paraje y el de su dueño. No obstante, tengo la esperanza de que este contenido, que ahora se publica en Tribuna, sirva para recordar tales denominaciones así como el valor y la pericia de estos serranos que se las ingeniaron para obtener beneficios agrícolas y ganaderos, laborando en tierras tan agrestes, muchas veces ganando terreno a laderas pedregosas mediante bancales que, en ocasiones, rellenaban de tierra. Sin embargo, la alta temperatura alcanzada en terreno tan en declive, protegido de heladas y frío, y bien regado por manantiales o pozas cercanas, gratificaba a los valeranos con buenas producciones de nueces, castañas, cerezas, melocotones, uvas y aceitunas, entre otros productos hortofrutícolas. Aunque, para todo ello, dejaban la vida, trabajaban sin destajo, de naciente a poniente, desplazándose  con caballerías desde su pueblo hasta estos parajes, poco accesibles. Así, lograron mantener a sus familias, con cierta comodidad, unos más que otros, pues como siempre me dicen Rafa y su hermano Severo, antes también había ricos y pobres, justicia e injusticia, avaricia y generosidad.

 

Para proseguir el camino en pos de la cascada de la Palla debemos atravesar el regato de la Ganchera y subir una pequeña cuesta para, luego, llanear por un sendero estrecho, rodeados de madroños, lentiscos y brezales. Al poco de encaminarnos por él, hallamos, a nuestra izquierda, el olivar del tío Minguito, donde solían sestear las cabras de Valero, y a nuestra derecha, en la profundidad del valle, el lugar en el que se juntan las aguas de los regatos de la Ganchera y del Parral para constituir el arroyo de la Palla, cuyo curso milenario ha formado el valle correspondiente, por cuya ladera izquierda progresaremos nosotros.

 

Me llama la atención que bastantes de los nombres de regatos y parajes que Rafa me refiere no figuran en el mapa Iberpix 4 del Instituto Geográfico Nacional (IGN), lo cual me genera cierta desazón, alimentada por ver el nombre de Horcajo denominando a un arroyo, que parece desembocar en el de la Palla, como si éste no surgiera tras la fusión de los regatos del Parral y de La Ganchera. No obstante, un servidor sigue pensando que es harto complejo hallar un guía con tanto conocimiento de estas tierras que el veterano valerano que me acompaña y orienta. Bien podrían consultarle los responsables de elaborar estos mapas del IGN, para que no se olvidaran arcanos topónimos. 

 

Después de esta disquisición, prosigamos la ruta.  

 

Ruta de Valero a la cascada de la Palla: Choza en el paraje del Horcajo.

 

Entre un mar de encinas sobresalen algunos centenarios castaños, secos, en la ladera derecha del valle de la Palla, que pertenece a Garcibuey.

 

Ladera derecha del valle de la Palla, recién originado su río homónimo: Antiguos castaños secos, rodeados de jóvenes retoños y de numerosas encinas

 

Tras avanzar un poco más, encontramos, a nuestra izquierda, una pequeña choza, que servía para refugiarse de las tormentas, en tanto que a nuestra diestra se observa la ladera derecha del valle de la Palla, cubierta por un mar de encinas, en las que destacan varios castaños centenarios, ya secos, pero que llegaron a adquirir un porte excepcional. En torno a los mismos también se ven manchas verdes de castaños y madroños.

 

Ahora percibimos el relevante caudal del arroyo de la Palla, pues no sólo se le ve, en algunos momentos, sino que también se oye su ruido, más estruendo que murmullo.

 

El arroyo de la Palla, recién originado, cubierto por la vegetación de su bosque galería.

 

Utilidades del torvisco (Daphne gnidium)

 

Mientras progresábamos, estaba atento a las enseñanzas de mi querido amigo. Así, en un momento determinado, coincidiendo con los seis kilómetros de recorrido,  cogió una mata de torvisco, la descortezó y obtuvo una larga, flexible y resistente cuerda natural. “Cuando al principio no existían las cuerdas de ahora, hacíamos unas buenas cuerdas quitando la corteza a la toña o torvisco para, por ejemplo, atar un hato de escobas, hacer un injerto a un cerezo o, incluso, para hacer un torniquete en caso de que uno se hiriera y sangrara mucho. Y las podíamos hacer hasta de veinte metros, uniendo unas con otras, y no creas que eran flojas, pues entre dos tíos tirando no las rompían”, rubrica Rafa, demostrando que la necesidad aguza el ingenio del ser humano.

 

 

Gancho Bermejo y puesto de vigilante de incendios 

 

Durante este tramo, en dirección este, avanzábamos rozando las matas de jara, lentisco, escobas y madroños, con numerosas encinas que sombreaban el sendero y que tanto agradecíamos. A nuestra derecha, me llamó la atención la presencia de unas grandes rocas a modo de gancho que culminaban un sector de la ladera opuesta, la de Garcibuey, que Rafa denominó Gancho Bermejo.

 

Ruta de Valero a la chorrera de la Palla: En la ladera derecha del valle de la Palla se aprecian encinas y castaños por debajo de poderosos ganchos pétreos.

 

Ruta de Valero a la cascada de la Palla: Ganchos pétreos en la ladera derecha del valle de la Palla, la de Garcibuey

 

Más tarde, Rafa volvió a referirme que la semilla de la jara era un alimento muy nutritivo para las cabras, al igual que la de la retama. En su afán por enseñar, desmenuzó el fruto de la jara para mostrarme sus semillas, a las que denominaba peonzo“Cuando las cabras rumiaban este peonzo,  la leche tenía mucho grado, mucho cuajo, dando buenos quesos con la mitad de leche, y sin embargo, la flor, todo lo contrario, para que tú veas”.

 

Mientras Rafa me ilustraba, empezamos a ver, también en la ladera opuesta, el puesto del vigilante de incendios, muy cerca y a la izquierda de Gancho Bermejo. En este momento, caminando en dirección sureste, a 657 metros de altitud, llevábamos recorrido seis kilómetros trescientos setenta metros, desde el inicio del camino, en Valero.

 

Puesto vigía para el control de fuegos e incendios en la ladera derecha del valle de la Palla

 

Ruta de Valero a la cascada de la Palla: coronando la ladera derecha del valle se muestran Gancho Bermejo y el puesto de vigía.

 

Valle de la Palla.

 

Pagos de Las Eras y de la Rebuetre: antesala de la cascada de la Palla

 

Proseguimos un poco más y dejamos a nuestra derecha una superficie cercada, cubierta de arbustos, que, en su momento, fue el próspero y fértil huerto del tío Antonio, que se beneficiaba de su cercanía al arroyo de la Palla. A continuación, pasamos por una tierra en la que antaño había buenos olivos e inmediatamente, a nuestra izquierda, observamos los restos de una choza construida por los valeranos como abrigo y habitación, a trescientos metros del punto anterior.

 

Ruta de Valero a la cascada de la Palla: restos de una choza en la ladera izquierda del valle de la Palla, por donde caminamos 28-07-2018

    

 Al llegar a esta choza dejamos el paraje de Horcajo y entramos en el pago de Las Eras, por el que discurrimos pisando un suelo irregular, con numerosas piedras de pizarra, y abriéndonos camino a través de altos ejemplares de escobas, lentiscos y helechos, algunos de nuestra altura. Cuando casi llevábamos recorridos siete kilómetros (6.890 metros de recorrido) nos topamos con una gran encina, a nuestra derecha, un tanto caprichosa, pues desde su base salen varios troncos.

 

Ruta de Valero a la chorrera de la Palla: A los 7 km de recorrido aparece una gran encina con varios troncos

 

Tras avanzar un trecho más, dejamos Las Eras y entramos en el pago  de La Rebuetre, donde aparecen, de nuevo, vigorosos ejemplares de encina y más tarde un regato, el regato de La Rebuetre, junto al cual hallamos una amable superficie, donde decidimos parar a comer nuestros bocadillos, a la sombra de buenos ejemplares de alisos. Al llegar a este punto, la distancia recorrida es de 7.180 metros en tanto que la altitud es de de 679 metros.

 

Rafa junto al regato de la Rebuetre

 

Cascada de la Palla

 

Después de reponer fuerzas con el descanso y las suculentas viandas, sólo tenemos que avanzar trescientos metros más para llegar al mirador desde el que se divisa la cascada de la Palla, por donde el arroyo que le da el nombre cae unas decenas de metros para constituir una especie de poza, muy apetecible para el baño. (7.490 metros caminados).

 

Cascada de la Palla

 

Rafael Navarro descansando antes de descender a la cascada de la Palla

 

Cascada de la Palla. 26-07-2018

 

Cascada de la Palla: abril del 2018

 

Cascada de la Palla. 26-07-2018

 

 La cascada de la Palla: con más caudal en abril del 2018

 

El autor de estas líneas en la cascada de la Palla.

 

En torno a un cuarto de kilómetro es la distancia que nos separa desde este mirador hasta la cascada, a la que accederemos zigzagueando por una abrupta pendiente, en algunos tramos sin camino aparente, hasta llegar al fondo,  donde puede verse cómo se descuelga el arroyo de la Palla para constituir una buena piscina natural, como antes dijimos.

 

Obviamente, en primavera, con el deshielo, porta más agua que durante el verano, como pude comprobar el año pasado, cuando en la excursión que hice en abril, desde el cercano Piélago, observé un gran caudal. Sin embargo, tres meses, más tarde, en julio, más que cascada era una chorrera, al igual que durante este último verano. En cualquier caso, exhibe una singular belleza, contrastando su espumosa y blanquecina agua con las paredes pizarrosas, que en un día lánguido de abril me parecieron grisáceas, en tanto que en julio, durante una cálida y luminosa jornada,  se tornaron ocráceas. Además, muy coqueta ella, llamaba la atención con un poderoso estruendo, que invitaba a grabarla en vídeo. Unos pocos árboles, sauces, alisos y fresnos la acompañan.

 

Chorrera de la Palla. 15 de julio del 2019

 

Después de solazarnos y abstraernos un buen rato en tan agreste y, al tiempo, hermoso lugar, tuvimos que ascender lo descendido, procurando que el correspondiente desgaste no quebrara nuestra resistencia física.

 

Rumbo a la desembocadura del arroyo de la Palla en el río Alagón

 

Ya arriba, en el camino, tuvimos que recorrer entre pinos, olivos y carrascas los dos kilómetros de distancia que nos separaban del Piélago, donde el arroyo de la Palla desemboca en el río Alagón. Allí, nos esperaba el coche, que habíamos dejado al inicio de la ruta, que nos llevaría hasta Valero, al punto de partida.

 

A los trescientos cincuenta metros del punto del camino que servía de panorámica de la cascada hallamos el surco del regato de las Rebolledas, que en julio del año pasado estaba absolutamente seco. Proseguimos entre tapias de antiguos huertos de labor, con algunos buenos ejemplares de olivo sobre trabajados bancales, como el del tío Marcelino, al que descendimos para ver la fuente la Rebolleda y, para nuestra sorpresa, varios ejemplares de naranjos plantados no hace mucho, por su juvenil porte. Tal hecho nos hizo pensar que los actuales dueños si bien no siembran hortalizas, sí cuidan los árboles.

 

Ruta de Valero a la cascada de la Palla: Olivar del tío Marcelino

 

Pequeños naranjos en el olivar del tío Marcelino

 

Fuente la Rebolleda,  ubicada en el olivar del tío Marcelino.

 

Volvemos a subir al camino principal para ver, durante un corto tramo, a nuestra derecha, nuevos ejemplares de olivos. Luego, al despejarse el camino, empezamos a echar en falta la socorrida sombra arbórea, por lo que  el sol nos acosa sin piedad en tanto que las proliferantes cigarras nos abruman con su monótono e insistente canto.

 

Valle de la Palla: avanzando en dirección al Piélago

 

Cuando llevamos andado poco más de ocho kilómetros vemos un buen ejemplar de alcornoque, a nuestra derecha y, luego, unas buenas matas de cornicabra junto a lentiscos.

 

Alcornoque en la ladera izquierda del valle de la Palla, por donde avanzamos en dirección al Piélago

 

Cornicabras en la ladera izquierda del valle de la Palla, cerca del Piélago

 

Encina de la era, donde los valeranos trillaban las alubias  y garbanzos recogidos en los huertos próximos

 

Escobas proliferando en el terreno donde antaño se hallaba una era, muy cerca del Piélago.

 

Más tarde, en torno a los 9 kilómetros de ruta (9.200 metros), vemos  un buen ejemplar de encina, el que anuncia la presencia de la era donde antiguamente trillaban alubias y garbanzos, que no cereales. Ahora, ya no hay superficie plana visible sino numerosos ejemplares de retama y algunas jaras que la ocultan absolutamente.

 

Desde este punto, observamos nítidamente la carretera que une Valero con las puentes del Alagón, a la que accederemos tras descender la pronunciada y zigzagueante cuesta que nos separa del pavimento, pasando antes entre bancales soportados por buenas tapias de piedra, con numerosos olivos. Cuando llevamos andado nueve kilómetros y medio decidimos saltarnos el camino para atajar descendiendo campo a través entre buenos ejemplares de olivos, bien cuidados por su proximidad a la carretera y, por ello, fácilmente accesible en coche desde Valero.

 

En el Piélago el arroyo de la Palla desemboca en el río Alagón.

 

Por fin, llegamos a la carretera (9.710 metros andados) por la que caminamos 150 metros más para contemplar la desembocadura del arroyo de la Palla en el río Alagón. Un poco antes recibió las aguas del río Quilamas.

 

En fin, la realización de una excursión campestre, como la descrita aquí, constituye una excelente estrategia para elevar nuestro nivel de salud, en su triple dimensión: física, mental y social.  Por ello, busquemos siempre ocasiones para tales aventuras, en buena compañía.

 

 Dr. Félix Martín Santos

Comentarios

Ana González 17/10/2019 09:16 #8
Excelente artículo. Has aunado una bien trazada narración sobre parajes encuadrados en una reserva de la biosfera, con entrañables tipos humanos, como Rafa, el valerano que te acompaña, con grandes dosis de afectividad, unas reflexiones sobre una cultura que se extingue y que parece que quieres retenerla, atraparla, evitar su pérdida inexorable, lo que te honra y hace más plausibles todo lo que cuentas. También parece encomiable tu capacidad de atrapar al lector desde el principio, hacerle partícipe de la historia que cuentas, con una buena y refrescante prosa. Enhorabuena.
María Jesús Hernández 12/10/2019 23:16 #7
Félix te felicito por tu alto índice de observación. Nos describes la belleza y la variedad de la Sierra de las Quilamas con sus chozas, regatos y arroyos, con sus tupidos bosques de encinas y castaños, adornados por brezo, jara, retamas y otros productos hortofrutícolas que constituyen una buena reserva de la Biosfera. Muy interesantes las explicaciones de tu amigo sobre como se las ingeniaban para obtener beneficios ganaderos y agrícolas trabajando de sol a sol. Seguro que sientes de forma real el agradecimiento de tus lectores.Felíz otoño
Javier 09/10/2019 09:19 #6
No creo que pueda acordarme de los nombres de cada uno de los lugares que describes, pero seguro que no olvidaré esta ruta. Andar por el campo siempre es gratificante, pero disponiendo de la descripción detallada que nos has facilitado, mucho más para sacarle el máximo provecho. Muchas gracias por tu excelente trabajo una vez más!!
Pedro Artola 07/10/2019 19:30 #5
Aprovecho para leer todo seguido, la primera y la segunda entrega de la 'Ruta de Valero'. Es una gran descripción de la zona, llena de detalles. No lo conozco, pero me hago una buena idea de lo que es el lugar, su fauna y su flora. - Contar con la ayuda de un amigo siempre es importante, más cuando te cuenta sus experiencias y las de sus antepasados. - Agradecerte que nos hayas trasmitido toda esta belleza. Saludos.
Inmaculada Hernández 05/10/2019 18:21 #4
Félix nos has descrito un paseo precioso entre jarras, encinares, castaños, robles, arroyuelos, pozas y cascadas, a través de un valle donde la Naturaleza muestra todo su esplendor y su riqueza cromática, revestida de diferentes tonos de verdes y blancos. Así lo demuestra la espléndida colección de fotografías en la que la luz se filtra por todos los resquicios e ilumina y da vida a un bello paisaje. Tu artículo también es un canto al esfuerzo humano representado tanto por los valeranos que supieron transformar las tierras agrestes en feraces como los que se dedican a la apicultura. Claro que los topónimos de los que nos hablas sirven para que se mantengan vivos y se perpetú en el tiempo. Muy bellas las vivencias de tu amigo Rafa experto conocedor del terreno. Muchas gracias por invitarnos a disfrutar de la Naturaleza.
Marina Puente 04/10/2019 19:26 #3
Estos dos artículos sobre esta ruta salmantina están narrados con tal lujo de detalles, con excelentes fotos que ayudan a ubicarse, con un cálido lenguaje, mimando la sintaxis, con profunda evocación de tiempos pasados, de la mano de ese veterano y sabio serrano, Rafa, y con una sorprendente capacidad de amenizar y empatizar con el lector, al que se motiva para no abandonar la lectura y darle pena acabarla, que bien merecen figurar entre los mejores relatos publicados sobre patrimonio natural. Enhorabuena al autor. Le animo a que siga así, que por lo que veo, lleva unos cuantos años manteniendo un alto nivel.
Patricia Hernando 03/10/2019 11:49 #2
Me ha gustado mucho leer esta ruta que tan bien narras, con numerosas imágenes que reflejan la belleza de los parajes que recorres con tu amigo Rafa, extraordinario conocedor de la zona. Muy interesantes y necesarias tus reflexiones sobre una cultura y unas costumbres que están perdiéndose, incluso los nombres toponímicos, que aquí intentas plasmar para que sean recordados por los más jóvenes. Haces una gran labor. Es reconfortante y relajante leer tus artículos. Enhorabuena.
Miguel 03/10/2019 11:01 #1
Fantástico de nuevo, Felix. Intentaré recordar cada una de los nombres que Rafa te ha transmitido, y así lo contaré cada vez que valla por esa ruta, de la que disfruto siempre que puedo.

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