Silueta original

El callejón de Hamel

Fernán Labajo

La maldición de no llamarse Drazen Epifanic

Epi detail

Hacía falta un yugoslavo. Alguien llamado Drazen Epifanic, por ejemplo. Esa era la solución a todos los males de un equipo que debutaba en la máxima categoría del baloncesto español.

Hay algo inherente a la condición de burgalés, que es tener un apego total hacia el pesimismo. Da igual que cante con fuerza el himno, que piense que su catedral es la más bonita o que sostenga con rotundidad absoluta que debe ser la capital de Castilla y León. A ese racimo de orgullo va íntimamente ligado, como una enfermedad vinícola, la certeza de que no podría pilotar un avión en caso de emergencia

 

"Le viene grande el cargo", "los jugadores pasan de él", "no se comerá las uvas", "no sabe dar una voz a tiempo", "hace jugar mucho a los de LEB", y toda una retaila de afirmaciones o sentencias que todo ciudadano de a pie hacía en un día normal es lo que Diego Epifanio, 'Epi', ha tenido que escuchar desde que comenzara la temporada del San Pablo Burgos en Liga Endesa. La más flarante que he escuchado, y no solo una vez, es que un burgalés no podía hacerse cargo de este equipo.

 

Hacía falta un yugoslavo. Alguien llamado Drazen Epifanic, por ejemplo. Esa era la solución a todos los males de un equipo que debutaba en la máxima categoría del baloncesto español con siete derrotas en siete partidos por parte de los aficionados que pisaron el Coliseum por primera vez el 1 de octubre de 2017 para ver un partido. Los eruditos de este deporte, más cautos, no se atrevieron a poner el dedo en la bola del mundo ni tampoco a dar nombres, pero tenían claro que 'Epi' no estaba preparado para tal reto. 

 

La sabiduría de estos últimos fue tan intensa que los más fieles a la causa 'Epifania' llegaron a dudar. Tuvieron momentos de flaqueza. Otros, simplemente, se subieron a la ola del desconcierto y pesadumbre que terminó por convencerles de que el destino estaba escrito. En nombre de todos ellos, entre los cuales llegué a encontrarme en un determinado instante, debo pedir perdón. 

 

Las jornadas fueron pasando y San Pablo empezó a ganar. Casualidad, suerte y, algunos, concedieron el hecho de que el equipo contaba con buenos jugadores. Mientras, el bueno de Diego, tocayo del fundador de esta ciudad, seguía encerrado en su propia cabeza, sin pensar en la presión que le habían traspasado injustamente de mantener la llama de un sueño vivo, y celebrando cada puto día en que una victoria le daba la oportunidad de seguir subido a la nube. 

 

Y una vez conseguido el objetivo, el de seguir un año más en ACB, miles fueron los que se subieron al carro de amor que nunca reclamó Diego Epifanio, que lo único que dijo cuando hubo que celebrar es 'Carpe Diem'. "Nunca celebramos suficiente las cosas", recordó con cierta nostalgia en una reflexión que en realidad sirvió como lección de vida. Otros, sin embargo, simplemente le concedieron el beneficio de la duda sin llegar a desprenderse del pesimismo: "Para ser burgalés, no ha hecho mala temporada". Perdónales, Epi, porque no saben lo que dicen. 

Comentarios

Deja tu comentario

Si lo deseas puedes dejar un comentario: