Ilusionados por la política

Ilusionados por la política

Por Félix de la Fuente

La amistad franco-española mucho más allá de la miopía de nuestros políticos


Las cuestiones de Ceuta, de la vivienda y de la corrupción del entorno político español son problemas enquistados, de los que, lamentablemente, seguiremos hablando durante mucho tiempo, pero de vez en cuando la vida también nos ofrece algo positivo. Y como tal tenemos que calificar la visita de Enmanuel Macron a nuestro país. Esta visita venía a sellar definitivamente un Tratado de amistad y de cooperación entre España y Francia.

La verdad es que las relaciones de amistad entre el pueblo español y el francés, representados en este caso por el rey Felipe VI y el jefe de Estado Enmanuel Macron, van mucho más allá de lo que pueda quedar plasmado en un tratado o en la reticencia de nuestro senado para ratificarlo. Al comparar este tratado con el tratado de amistad y cooperación que Francia tiene con Alemania, contrasta la altitud de miras de los políticos alemanes y franceses con la miopía de nuestros políticos. Mientras que en Francia y Alemania son los políticos los que se adelantan al pueblo y marcan la ruta, en España es el pueblo el que con sus manifestaciones y levantamientos saca a los políticos de su letargo. Conviene recordar al respecto que el primer Tratado de amistad y cooperación franco-alemana lo firmaron De Gaulle y Adenauer el 2 de enero de 1963 y el Tratado de Amistad y Cooperación entre el Reino de España y la República Francesa, conocido como el Tratado de Barcelona, fue firmado el 19 de enero de 2023 y todavía no está ratificado.

Es decir, Francia firmó su tratado de amistad con Alemania 63 años antes que con España, cuando en Francia no se habían cerrado aún las heridas de la segunda guerra Mundal, mientras que Francia hace ya más de dos siglos que tuvo su última guerra con España y para muchos españoles Francia es su segunda patria desde hace ya mucho tiempo. Por otro lado, el número de franceses que viven y tienen su segunda residencia en España o nos visitan anualmente es enorme.

Este tratado de amistad tiene una trascendencia enorme, no solo por el ambiente de lealtad que existe entre los dos países y sus ciudadanos -es decir Francia sí es un socio verdaderamente fiable- sino, además, porque está enmarcado dentro del proyecto de la integración europea. "Las Partes contratante fomentarán iniciativas conjuntas destinadas a promover la transparencia y la participación de los ciudadanos en los procesos de toma de decisiones europeas. Para ello, se comprometen a apoyar las iniciativas destinadas a consolidar la democracia europea y a fomentar el debate de ideas sobre Europa, también entre sus sociedades civiles, con el fin de reforzar, en particular, el sentimiento de pertenencia europea". Cuanto mayor sea la colaboración en los diversos Estados miembros de la UE, tanto más fácil será la integración a nivel europeo. Y quizás éste sea al único camino posible para avanzar hacia una Europa federal: un núcleo más avanzado, del que formarían parte, entre otros, Francia y España, y otros Estados más lentos que algún día puedan unirse a este núcleo más avanzado. La Europa a dos o varias velocidades que ya proponían Willy Brand y Jacques Delors

Este tratado está enmarcado también dentro del ámbito mediterráneo. En cuanto países mediterráneos, Francia y España tienen muchos problemas y muchas circunstancias comunes. Son, además, parte de la frontera Sur de la Unión, por donde entran la mayoría de los inmigrantes. Sus relaciones con los países de la ribera Sur del Mediterráneo deberían ser unas relaciones comunes a toda la UE". No puede ser que tanto Francia como España persigan en sus relaciones con Marruecos y Argelia y los demás países de Africa unos intereses muchas veces mutuamente contrapuestos. Además, esta sería la única solución para que la UE y los países miembros pudieran dejar de ser chantajeados con los inmigrantes.